30/5/06

>>Redactor: Gardarian

>>Comenta esta noticia en el Foro.

>>En un pequeño pueblo navarro llamado Idocin nacía en 1781 Francisco Espoz Ilundáin, hijo de Juan Esteban Espoz y María Teresa Ilundáin. Su familia estaba dedicada a la agricultura, y quedó huérfano de padre a los catorce años, prosiguiendo él con el mismo trabajo como cualquier campesino.

Sin embargo, esta calma terminaría en 1808, momento en el que, debido a la invasión francesa de España, comienza su andadura militar con esta frase, extraída de sus memorias, publicadas por Juana de la Vega, su viuda.

“Vivía yo en el seno de la más profunda paz y una tranquilidad perfecta, cuando las revueltas y convulsiones de la patria, en los principios del año de 1808, vinieron a robarme esta felicidad de que gozaba.”

Se topó de frente con el ataque francés hallándose en Pamplona, donde estaba visitando a sus dos hermanos Clemente y Simona.

Y así fue como se alistó en el destacamento del inglés Doyle, contando veintisiete años. Participó enrolado en este cuerpo en la defensa de la plaza de Jaca, asediada por el enemigo. Allí permanece durante todo el invierno de 1808 a 1809, hasta que se produce la rendición de la ciudad. Llegado a este punto, Francisco llega a uno de los momentos más trascendentales de su biografía. Rendida la ciudad, huye con algunos compañeros en busca del Corso Terrestre de Navarra, milicia comandada por su propio sobrino, el capitán Francisco Xabier Mina, Mina el Mozo. Se une a estos y así comienza su andadura como guerrillero.

En esta milicia, comienza a demostrar sus grandes dotes como guerrillero, así como su crueldad. Sin embargo, a principios de 1810, su sobrino Xabier cae herido en una emboscada, y es capturado junto con algunos de sus hombres por los franceses. Afortunadamente, Francisco consigue escapar. Sin embargo, los cerca de ochocientos guerrilleros que componían el Corso Terrestre de Navarra se disolvieron, así que Francisco debe volver a empezar de cero, reclutando hombres que puedan ayudarle en la formación de su nueva guerrilla. Es en esta época cuando decide adoptar el segundo apellido de su padre, para disfrutar del prestigio que Xabier Mina tenía entre sus hombres.

Se inicia así una nueva etapa en la vida del navarro, conocido ahora como Pequeño Rey de Navarra . Durante los años 1810 hasta 1813 genera grandes éxitos militares, haciendo incursiones por toda Navarra, Gipuzkoa, Aragón y el norte de Castilla y León, sin que ningún ejército francés logarse detenerlo. Incluso el general franco Honoré Reille intentó pararle con un ejército diez veces mayor que la milicia compuesta de 3000 hombres de Espoz y Mina , pero no consiguió nada. El guerrillero logró gran cantidad de éxitos en las ciudades de Sangüesa, Arlabón, Tafalla, Sos del Rey Católico, Rocafort, Motrico, Fuenterrabía y Zaragoza.

Durante la guerra fue nombrado, coronel, general, y, al término de la guerra, era mariscal de campo y su guerrilla, rebautizada como división Navarra, constaba de 14000 soldados. A la vuelta de Fernando VII, el mariscal navarro no dudó en poner a la total disposición del monarca su guerrilla, y pidió que se integrara en el ejército regular. También solicitó su ascenso a virrey de Navarra. Pero, al imponer el rey un régimen absolutista y colocar en los cargos solicitados a funcionarios de su confianza que ningún mérito tenían, además de intentar la disolución de su milicia, se puso de parte de la causa liberal, de la que sería un tenaz defensor hasta su muerte.

En el mismo año del fin de la guerra, apoya el levantamiento de Porlier desde Pamplona junto con su liberado sobrino y otros confabuladores. Esta sublevación no tiene éxito, por lo que se ve obligado a escapar a Francia. Allí es acogido y vive en Champagne bajo la protección del rey. Entonces Napoleón logra escapar de su prisión de Elba y volver de su destierro a Francia. Espoz y Mina se ofrece a liderar un ataque a España al mando de un ejército para colocar en el trono de nuevo a Carlos IV. Napoleón no acepta, así que el navarro se traslada a Suiza, y posteriormente a Bélgica.

En 1816 se dice que participó en una sociedad masónica junto con Lacy y Gautier, Porlier, y más militares importantes. Allí habrían trazado un plan para secuestrar a Fernando VII y obligarle a jurar la constitución.

Permanece en el exilio hasta que en 1820 el general Rafael Riego se pronuncia en Andalucía. Como tantos otros militares, vuelve rápidamente a España y se pone de parte de la causa liberal, pronunciándose en la localidad Navarra de San Esteban. Con el éxito del levantamiento liberal, es nombrado capitán general de Navarra, mas no se le concede el virreinato. Sin embargo, su llegada a Pamplona aumenta las tensiones en la ciudad. Por estos motivos, pide el traslado a Galicia, y lo obtiene.

Allí se relaciona con otros constitucionalistas importantes entre ellos con Antonio de La Vega, padre de la mujer con la que se terminaría casando nuestro protagonista. En el momento de su boda, su esposa, Juana de La Vega constaba de tan solo quince años, teniendo él en esos momentos cuarenta y uno.

Se le concede por aquel entonces la capitanía general de Cataluña, donde se dedica a perseguir las diferentes partidas realistas que operan internamente en la región. Allí comete, entre otras crueldades, la destrucción de Castellfullit, la toma de la ciudad de Seu D'Urgell y el asesinato del Obispo de Vic, entre otros. Sin embargo, por sus acciones fue condecorado con la cruz de San Fernando.

Pero en 1823, el duque de Angulema, al frente de los cien mil hijos de San Luis, entra por Bayona.


Luis Alfonso de Borbón, el duque de Angulema

El navarro se hace fuerte con su ejército en la plaza de Barcelona, siendo uno de los pocos generales que plantó cara a las tropas francesas. La ciudad condal es la última de las villas liberales en entregarse a los absolutistas. Entonces huyó a Inglaterra donde fue considerado un héroe y fue acogido por el mismísimo lord Wellington. Desde su exilio fue un activo conspirador contra el monarca, y en Londres mandará la impresión de su autobiografía.

Se traslada a París para preparar una entrada en España, y entra por Bayona el 18 de noviembre de 1830. Vuelve a Francia a toda prisa, ya que el país no reaccionó con la intensidad necesaria. Pudo por fin regresar a España en 1833 cuando, fallecido Fernando VII, la regente María Cristina de Borbón revoca el real decreto por el cual no se permitía su regreso. Su graduación militar es reconocida y es nombrado virrey de Navarra. Además se le otorga el mando supremo de las tropas isabelinas en el norte de España. Fue uno de los pocos generales capaces de enfrentarse a Zumalacárregui, pese a que fue derrotado en las batallas de Larrainzar, Echarri, Ardanaz y Olazaguita. Presentó su dimisión el 13 de abril de 1835.


Durante el gobierno de Mendizábal, se le nombró capitán general de Cataluña, donde fue muy eficaz contra los rebrotes carlistas que aparecían, reflotando su antigua crueldad, cuyo punto culminante sería el fusilamiento inútil de la madre del general Cabrera. Presenta su dimisión el día 1 de Abril de 1836, y muere poco tiempo después en Barcelona, mientras que preparaba su salida voluntaria a Francia.

Tenía tan solo 55 años, habiendo peleado en la guerra y conspirado en el exilio durante veintiocho de ellos.