15/4/06

>>Redactor: José Torres.

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Voluntarios de Madrid “Revive la Historia”

 

>>Agradecer la colaboración de Voluntarios de Madrid la ayuda para la realización de este reportaje, y también a la web GUERRA DE LA INDEPENDENCIA ESPAÑOLA 1808-1814 su colaboración en cuanto a su contenido en el apartado de “Repasando la Historia”

La Asociación

>>Voluntarios de Madrid, abre la puerta a la historia Española en la época de las guerras Napoleónicas (1805 – 1815), sus miembros un grupo de recreadores históricos recrean fielmente ante las miradas expectantes del publico las batallas y acontecimientos de esta época vivida por el pueblo Español.

Voluntarios de Madrid toma como unidad en sus recreaciones al Regimiento de Infantería de Línea de Voluntarios de Estado, el cual lucho en el levantamiento del 2 de mayo, unidad que más tarde tomo el nombre de Regimiento de Infantería de Línea de Voluntarios de Madrid, nombre con el que se conoce a la asociación.

No solo su nombre y recreaciones de batallas y eventos son lo único que guarda rigor histórico en esta asociación, su vestimenta la cual se ha confeccionado siguiendo una base documental a logrado unos trajes digno de cualquier soldado de la época (los detalles de las vestimentas y atrezo en los campamentos son también dignos de mención), su bandera también a sido confeccionada una vez mas a base de un estudio y diseño de las banderas originales.

Sus recreaciones en la batallas, es lo mas destacado en la asociación, y es resultado de un gran trabajo y esfuerzo por parte de todos sus miembros y personas que se involucran en cada evento. Estas batallas están asesoradas por historiadores de la época y un una base documental de dicho acontecimiento, cuentan cada año con un calendario de todos sus actos y como veremos en este articulo son de lo mas interesantes.

Galería de fotos.

>>En este apartado hemos querido mostrar algunas fotografías para que podáis ver el resultado de las recreaciones y eventos de la asociación, en ellas se puede apreciar la magnifica representación de estos actos y como se reviven los momentos de las batallas de una manera fidedigna a la época.

Somosierra (Madrid), Octubre de 2.002

Brión (Ferrol), Agosto de 2.003. El combate. Carta desde San Felipe.

 

Leganés (Madrid), Dos de Mayo de 2.005.

 

Si estáis interesados en ver toda la galería de las recreaciones y eventos este enlace pertenece a la Asociación en la cual se muestra todas las fotografías. Pincha aquí

Entrevista

>>Tal vez el punto más interesante de este reportaje, en el cual nuestras preguntas y las respuestas dadas por la asociación dejan claro la intención de la organización y espíritu de Voluntarios de Madrid.

I ¿De cuantos socios-miembros dispone la asociación? ¿Qué edades comprende la asociación, y si hay cabida para los menores dentro de las recreaciones?

Actualmente la Asociación Histórico Cultural Voluntarios de Madrid, 1808-1814, la integran unos treinta miembros de distintas edades: hombres, mujeres y niños que participan en las recreaciones históricas que organizamos directamente o a las que somos invitados. En el grupo hay tres niños, entre 12 y 16 años, que participan con gran entusiasmo como tambores, enriqueciendo la presencia de nuestra unidad allí donde acudimos.

II Disponéis de un regimiento de Infantería de Fusileros, y otro regimiento de Caballería, y comentáis la posibilidad de crear otro mas, ¿tenéis algo en mente? ¿Seria este de Artillería?

Nuestra Asociación recrea el que fue 1er. Regimiento de Línea de los Voluntarios de Madrid, que nació en la capital de España en 1808, tras los hechos luctuosos sufridos en Madrid ante los invasores franceses. Además, con la participación de algunos amigos aficionados a la equitación y a la historia, hemos constituido el Regimiento de Caballería nº 1 del Rey, con el que complementamos nuestra presencia allí donde acudimos a conmemorar actos históricos.
En cuanto a crear más unidades, nuestro criterio es que hay que ir poco a poco, pues no se trata de hacer muchos mini grupos y presentar lo que pueda parecer un baile de disfraces con personas uniformadas y la mayoría con uniformes diferentes. Sin perjuicio de que se creen más grupos, quizá en algún momento uno de artillería, nuestra idea actual es la de reforzar los grupos actuales, en el convencimiento de que es mejor, en todos los sentidos, presentar en las recreaciones históricas un grupo homogéneo de decenas de miembros, con el mismo uniforme y dando la imagen plástica de una verdadera unidad armada de época.

III En cuanto la asistencia del publico, ¿Cómo se toman los asistentes este tipo de eventos en cuanto a la formalidad con que se lleva acabo dicha recreación?

La respuesta es magnífica. No perdamos de vista que al público se le ofrece un espectáculo inusitado, llamativo, colorista y que tiene un trasfondo de alta fidelidad histórica. Esos ingredientes conectan con el público de manera espectacular. Quienes presencian una recreación histórica quedan, en la inmensa mayoría, maravillados de lo que se les presenta ante sus ojos, en tanto que estas actuaciones, además, suelen hacerse en lugares al aire libre o en conjuntos urbanos tradicionales que ponen un marco que realza la presencia de nuestros grupos de recreación.
Respecto a la formalidad con la que se producen estas recreaciones, ella es debida, básicamente, a dos consideraciones de la mayor importancia: la primera es la de dar una imagen seria, de reconstrucción fidedigna de una época, sin lugar para las chapuzas o lo carnavalesco; el otro gran elemento que exige formalidad, es el factor seguridad, tanto para el público como para los recreadores, en la medida que se utilizan armas de fuego con las que se hacen salvas y que las unidades de caballería requieren la observación de precauciones adicionales, esto por citar solamente los elementos más significativos, que nos obligan a actuar de manera formal y responsable.
El resultado en su conjunto es un viaje en el tiempo, a la dura realidad de hace 200 años cuando el pueblo español estaba en guerra contra el imperialismo napoleónico.
Los recreadores y también el público, en menor medida, se ven inmersos en otra época, con un nivel de realismo que nos transporta a aquellos tiempos pretéritos.

IV ¿Creéis que hay el suficiente conocimiento sobre la época en la cual se basa vuestra Asociación?

Supuestamente si parece que haya un general conocimiento de esta época; recordemos que nuestras actividades rememoran lo que fue la invasión napoleónica de España entre 1808 y 1814: la conocida como Guerra de la Independencia.
Sin embargo, nos encontramos con que, abstracción hecha de las personas a quienes gusta la historia en general y la de su patria en particular, hay mucha gente que, al no haberlo estudiado adecuadamente en el colegio y siendo este un tema que hoy en día no cotiza, al no estar de moda en la vorágine consumista y alienante de la sociedad actual, carece de base suficiente para interpretar esta época trascendental en la Historia de España.
Quiero añadir que los actos de recreación en los que participamos significan recuerdo y reconocimiento de quienes dieron su vida en aquellos años difíciles: civiles y militares, hombre y mujeres, españoles y extranjeros. Hoy, desde un sincero espíritu de concordia entre personas y pueblos.

V Nos gustaría saber como a los interesados futuros miembros, como trascurre el día a día en la Asociación de Voluntarios de Madrid, sobre todo la vida de Campamento.

Nos movemos con unos calendarios de actos, que procuramos que sean lo suficientemente anticipativos para planificarlo con nuestra vida privada y familiar. El equipo: uniforme, armamento, complementos… es personal y propiedad de cada miembro y lo guarda cada uno en su domicilio. Ante una recreación programada, nos damos cita en el lugar correspondiente, acudiendo por medios particulares, a veces agrupándonos para alquilar transportes colectivos (aunque la mayoría de los compañeros del grupo viven en Madrid, hay varios que viven en pueblos de la provincia, y también en Toledo, e incluso en Astorga –León-). Como las recreaciones históricas se suelen realizar en fines de semana, se programan actividades de diversa índole, tales como: montaje de campamento de época, rendición de honores ante monumentos locales referidos a la época que tratamos, presentación ante las autoridades locales, desfiles urbanos, conferencias, demostraciones de equipo y armamento… y la estrella de los actos, cual es la recreación en sí, que consiste en una rememoración “a escala” de la batalla o hecho de armas entre los dos bandos, por un lado los invasores franceses y por otro la fuerza aliada compuesta por españoles, ingleses y portugueses.

VI Es de imaginar que para llevar acabo la recreación de una batalla, aparte de contar con personal para dicha batalla se ha de disponer de fuentes fiables sobre lo sucedido en aquel momento ¿en que fuentes os apoyáis para vuestra información en estas recreaciones?

Este mundo de las recreaciones históricas de la época napoleónica reúne a personas en las que su afición a la historia va un poco más allá de simplemente vestirse con ropas de época y, podemos decir, que son auténticos estudiosos y especialistas de la materia. Esto no se logra en dos tardes, sino que se le vienen dedicando muchas horas desde hace mucho tiempo en laboriosas tareas de investigación en los, afortunadamente numerosos, fondos documentales que sobre esta época de comienzos del siglo XIX existen en España y Europa.

VII ¿Qué eventos tenéis preparados para este año? ¿Tenéis pensado alguna recreación fuera de España?

Este año 2006 hay un programa de eventos muy interesante y, como viene sucediendo en los últimos años, cada vez con mayor número de grupos y municipios que desean participar en este viaje en el tiempo y recrear parte de la Historia.
No obstante, quiero resaltar los que a mi juicio son tres de los más importantes obstáculos a nuestra actividad: Primero, la falta de convencimiento profundo de algunos ediles respecto a esta actividad, lo que les lleva a ignorar, cuando no a vetar, los programas que se les proponen (esto se agrava cuando proviene de ciudades que desempeñaron un papel trascendental en la Guerra de Independencia). Segundo, la falta de agilidad en la toma de decisiones de los responsables municipales, pasando del “todavía falta mucho tiempo, ya hablaremos”, al “este año ya no podemos hacer nada, quizá más adelante”. Y tercero, las complicaciones inherentes al hecho de no abordar en tiempo y forma los problemas logísticos, pues en cada recreación histórica hay que prever el programa de actos, el alojamiento y manutención de los participantes, así como las ayudas de transporte, para grupos españoles y extranjeros que han de cerrar sus agendas con tiempo.
En este año 2006 algunas de las recreaciones más significativas serán las de La Albuera, Medina de Rioseco, Astorga-Castrillo de los Polvazares

VIII Hablando un poco sobre la uniformidad, es bastante interesante ver como habéis logrado un equipo exacto al de la época, y por lo cual es un poco elevado su precio ¿ofrecéis alguna ayuda en cuanto hasta que el nuevo socio se pueda pagar el equipo?

A los nuevos miembros del grupo se les da todo el apoyo e información para que se equipen correctamente y no se les agobia en cuanto a la adquisición del equipo, pudiendo incorporarse a las recreaciones con equipamiento parcial e, incluso, prestándole algunos elementos que les permitan participar desde el primer día, ratificando su convicción de unirse a nosotros y afianzando su proceso de integración.

IX Como trascurre una recreación de una batalla Histórica (tal vez lo que mas llame la atención a la gente interesada por este tipo de Asociaciones).

Reproducimos el enfrentamiento histórico de los dos bandos que contendieron en la época. En un marco preseleccionado y acotado debidamente para que el público pueda presenciar todo sin riesgo, se enfrentan las dos formaciones militares, mediante diversos ejercicios: despliegues, movimientos tácticos, avances, ataque, defensa, retiradas, etc. combinando las fuerzas de infantería, caballería y artillería, realizando descargas de fusilería y disparos de cañón (huelga decir que en todos los casos solamente quemamos pólvora, sin proyectil), y llegando a choques cuerpo a cuerpo entre infantería y a ataques de caballería a infantería, obligando a ésta a adoptar coráceas formaciones defensivas.
En ocasiones, la refriega continúa en el marco urbano, adquiriendo la recreación un gran realismo que es apreciado por participantes y público.
Hay que resaltar que todo ello se hace desde la observación de la máxima seguridad para todos los presentes, buscando un realismo sin violencia y, faltaría más, sin locuras y sin irresponsabilidades.

X ¿Que otro tipo de actividades se pueden encontrar en Voluntarios de Madrid que no sean recreaciones y que estén enfocadas a la convivencia con los demás miembros?

El nuestro es un grupo de amigos con una afición e interés común. La asistencia a las recreaciones se convierte en una intensa experiencia de convivencia, pues con los amigos que vamos haciendo de los otros grupos participantes compartimos alojamiento, rancho y momentos de agradable camaradería.
Además, a lo largo del año participamos en otras actividades: Desfilamos y rendimos honores, escenificamos jornadas de historia viva en museos, acompañamos a pasos procesionales en Semana Santa, y algunos de nuestros miembros publican libros históricos, colaboran en diversas publicaciones periódicas y dan conferencias en diferentes foros.

XI Por ultimo que les diríais a la gente para que se animen a participar en este tipo de Asociaciones, tal vez un poco desconocidas todavía aquí en España.

Nuestro grupo está abierto al ingreso de nuevos miembros, y esa incorporación nunca es precipitada pues quien llega tiene tiempo para pensárselo y para evaluar los posibles pros y contras, y así poder tomar una decisión madurada; el grupo también la tiene que tomar para aceptar formalmente al nuevo soldado.
Recomendaría a quien tenga curiosidad, que se acerque a nosotros para poder conocernos mutuamente y para poder iniciarse en este mundo de las recreaciones históricas.

 

 

Repasando la Historia.

>>Más de 2 siglos han pasado desde que la época de las guerras Napoleónicas asolaron Europa, numerosas batallas pasaron a la historia y con el ellas el olvido de los numerosos combatientes que las libraron. Tras su imparable conquista sobre Europa Napoleón fija su mirada en su próxima conquista, España.

I. Antecedentes. Murat entra en España.


Napoleón, triunfante en Europa, fija su codiciosa mirada sobre España, obligando al rey español Carlos IV, para que sea su aliado en la conquista de Portugal. Este es el pretexto que utiliza el ambicioso Emperador para invadir la Península.
A esta política de Carlos IV, instigado por su favorito Godoy, se opone su hijo, el Príncipe de Asturias Don Fernando.
El general francés Junot entra en España con sus tropas el 18 de octubre de 1807 apoderándose de casi todo Portugal, huyendo al Brasil los soberanos portugueses.
Continúan entrando tropas francesas en España, hasta unos cien mil hombres, al frente de los cuales pone Napoleón a su cuñado el general Murat.
Mientras parte de los ejércitos invasores ocupan el norte, un tercer ejército atraviesa los Pirineos Orientales y entra en Cataluña.
Godoy, inquieto ante las numerosas fuerzas invasoras, empieza a recelar de las intenciones de Napoleón, tratando infructuosamente de salvar la situación.

II. Entrada de Fernando VII en Madrid.


El Pueblo, con su claro instinto, nota algo anormal el constante movimiento de tropas extranjeras por el suelo español y se manifiesta en contra de la política de Godoy, amotinándose en Aranjuez contra el favorito del Rey.
Aumenta con esto el partido fernandista y, temeroso Carlos IV, destituye a Godoy y abdica en su hijo Fernando el 19 de marzo de 1808.
Cinco días más tarde, entra en Madrid el nuevo monarca Fernando VII, haciéndole los madrileños tal reconocimiento, que desde la Puerta de Atocha, por la calle de Alcalá, hasta el Palacio de Oriente, tardó seis horas.
Murat, que ha entrado con sus tropas en Madrid veinticuatro horas antes, no reconoce oficialmente al nuevo Rey y convence a Carlos IV para que dirija una carta a Napoleón, negando la validez de su abdicación.
Mientras tanto entretiene a Fernando VII, con la promesa que Napoleón en persona viene a verle.

III. El 2 de mayo en Madrid. ¡Que nos lo llevan!


Murat convence a Fernando VII, para que salga hacia la frontera a recibir al Emperador y así, con engaños, llega hasta Bayona. Allí le proponen los franceses que renuncie al trono y, en vista de su negativa, esperan la llegada de Carlos IV, su esposa y el favorito de ambos, Godoy.
Fernando VII se da cuenta de la traición de los franceses al discutir con Carlos IV y devuelve la corona a su padre, el cual ¡abdica en Napoleón!
Mientras tanto en Madrid, el ambiente es muy hostil hacia las fuerzas francesas y en una atmósfera cargada de inquietudes, llegamos al glorioso día del 2 de mayo de 1808; desde bien temprano se congregó la multitud ante el Palacio Real, en la Plaza de Oriente y al subir al coche para conducirlo a Francia al infantito Don Francisco, que iba llorando, alguien lanzó el histórico grito "¡que nos lo llevan!" y al momento, hombres y mujeres, rodean las carrozas tratando de impedir el viaje.
Las fuerzas del invasor disparan y la sangre de los primeros mártires de la Independencia española, abre una página gloriosa, grabada a sangre y fuego, en el libro de la Historia de España.

IV. En la Puerta del Sol lucha el pueblo heroico.


Al ruido de los broncos cañones y de los dispersos tiros, se propaga como reguero de pólvora por todo Madrid, la noticia de lo sucedido en la Plaza de Oriente. Los grupos de hombres y mujeres corren despavoridos lanzando gritos contra el invasor francés: "¡A morir matando...!, ¡No más esclavos!". La soldadesca francesa los sigue ametrallando y caen más muertos y heridos ante los Caños del Peral.
Poco a poco se va rehaciendo el pueblo de su primer estupor y surgen navajas, tijeras y palos, blandidos con furia por hombres, mujeres y mozalbetes, en tanto que de ventanas y balcones cae una lluvia continua de ladrillos, piedras, muebles y calderadas de agua o aceite hirviendo.
En la Puerta del Sol, se refugian en el templo del Buen Suceso niños y ancianos, en tanto que las heroicas mujeres madrileñas y los hombres indomables, presentan la primera resistencia sería al invasor.
Aquí no mueren sólo los defensores españoles, caen también los orgullosos soldados de Napoleón, continuando la lucha durante muchas horas y aún toda la noche.

V. Defensa heroica del Parque de Monteleón.


Los soldados españoles ¿qué hacen en tanto? Acuartelados, sin órdenes directas del Rey, permanecen confusos y pasivos.
Sin embargo el capitán Daóiz no se resigna a ver impasible como muere su pueblo; arenga a sus soldados y entonces se les une el capitán de artillería Don Pedro Velarde, con treinta voluntarios más, al grito de ¡Viva Fernando VII!..¡Viva España!...
Se recluyen todos en el Parque de artillería, situado en el barrio de las Maravillas. Con ellos se encierra la flor y nata del barrio: manolos (habitantes de los barrios bajos: Rastro, Lavapiés, Puente y calle de Toledo,...) y chisperos (vecinos de los barrios altos: Maravillas, Barquillo, San Antón,....).
También se les une el teniente Ruiz, organizando entre todos la defensa del Parque de Monteleón; arrastran a brazo los cañones y solo tienen diez granadas.
Avanza la columna francesa del general Lefranc y, cuando están a tiro, disparan los cañones a través de la puerta, para que el estrago sea mayor; aumenta el entusiasmo del pueblo y el enemigo se retira. Pero Murat manda refuerzos numerosos y aquel puñado de valientes muere luchando heroicamente.

VI. Fusilamientos en La Moncloa.


A pesar del heroísmo español, lleno de casos de sublime patriotismo que se desarrollan en esta gloriosa y luctuosa fecha, no le cuesta gran trabajo a Murat arrollar a la muchedumbre que invade ya calles y plazas. Las tropas francesas que tienen tomadas de antemano posiciones estratégicas, penetran por los diferentes extremos de la capital.
Mientras que la guardia imperial acuchilla a los grupos, se destacan por su crueldad los lanceros y mamelucos, que fuerzan las casas donde suponen les han hecho disparos, degollando a sus habitantes.
Murat publica un bando, ordenando el fusilamiento de todo español que sea encontrado con armas de cualquier clase, siendo así fusilados sin formación de causa, centenares de infelices inocentes, simplemente por llevar cortaplumas o tijeras; el Salón del Prado y los desmontes de la Moncloa se empapan con la sangre de los mártires de la Independencia.
El genial pintor aragonés Don Francisco de Goya, traslada al lienzo aquellos cuadros de horror para asombro de generaciones futuras.

VII. ¡La Patria está en peligro! grita el Alcalde de Móstoles.


Tan ejemplar proclama dada contra el invasor en Madrid, pronto tiene resonancia hasta en el último rincón de España. A los viajeros que salen de Madrid, se les piden noticias sobre los antes olvidados negocios públicos, hasta en los villorrios y caseríos casi despoblados.
Se reúnen grupos para leer las cartas que llegan de la heroica villa y estrechándose unos a otros las manos, dan gritos de guerra que se extenderán por toda la nación.
En Móstoles, pueblo cercano a Madrid, su patriótico alcalde reúne a los vecinos y les arenga: "¡La Patria está en peligro! ¡Madrid perece víctima de la perfidia francesa! ¡Españoles, acudid a salvarla!...".
Hombres y mujeres, rivalizando en entusiasmo, se arman con trabucos viejos, navajas y palos, disponiéndose a combatir al invasor al frente de su españolísimo alcalde Don Andrés Torrejón.
Y es que el pueblo hispano, siempre hidalgo, cortés y hospitalario, no ha consentido nunca que pise como invasor del suelo patrio la plantilla de ningún extranjero.

VIII. José Bonaparte, Rey de España.


Sucesos tan importantes se conocen pronto en Francia, y Napoleón convoca un simulacro de Cortes españolas en Bayona.
Reunidas el 15 de junio, redactan una Constitución y proclaman Rey de España a José Bonaparte, a la sazón Rey de Nápoles.
El Rey José llega a Madrid el 20 de julio; poco después escribe a su hermano: "No me asusta mi posición, pero es única en la historia; no tengo aquí un solo partidario". En efecto, el pueblo español no deja de manifestar su odio.
Constantemente le llaman "Pepe Botella" y circulan dibujos caricaturescos y letrillas alusivas; es sabido que José Bonaparte no bebía. A España llegó animado de buenos propósitos y en contra de su voluntad. Dándose cuenta de la razón del pueblo español, escribe a Napoleón: "Tengo por enemiga a una nación de doce millones de habitantes, bravos y exasperados hasta el extremo... Todo lo que se hizo aquí el 2 de mayo, es odioso....; No se ha tenido ninguna consideración para este pueblo.... No, señor: Estáis en un error, vuestra gloria se hundirá en España...".

IX. Asturias, cuna de la Independencia.


El Rey "Intruso" entra en Madrid el 21 de julio de 1808. Cuatro días después se hace la proclamación entre la indiferencia del pueblo.
El movimiento popular, iniciado por el manifiesto del Alcalde de Móstoles, se propaga a Extremadura y Andalucía, pero por coincidencia histórica cabe a Asturias, la gloria de iniciar articuladamente el movimiento.
En Oviedo se hace el levantamiento el día 9 de mayo, apoderándose el pueblo de la casa de armas donde hay 100.000 fusiles; los estudiantes de la Universidad son de los primeros en armarse; las tropas fraternizan con el pueblo; las autoridades se ponen a la cabeza del movimiento y declaran solemnemente la guerra a Napoleón.
El 24 de mayo se había constituido su primera Junta Nacional, denominándose después "Junta suprema de Gobierno" para organizar el alzamiento. Se organiza un ejército y se envían a Londres dos comisionados para pedir el auxilio de Inglaterra.
El ejemplo de Oviedo fue seguido por Santander, Coruña, Cádiz y Sevilla con la mayoría de las ciudades no ocupadas por Francia.

X. El general Castaños. Rendición de Bailén.


Poco a poco, se van organizando las fuerzas españolas y en tierras de Andalucía, se cubren de gloria luchando contra el invasor:
El general francés Dupont, sale de Toledo con sus fuerzas, dirigiéndose a Cádiz. Derrota a los españoles que se le oponen en el Puente de Alcolea y entra en Córdoba entregando esta ciudad al más horroroso saqueo y a las violencias más escandalosas.
Mientras tanto los españoles, bajo el mando supremo del general Castaños, resuelven atacar al enemigo. El general francés sale de Andújar al anochecer del 18 de julio, deseoso de ocultar sus movimientos y salvar el inmenso botín del saqueo de Córdoba y Jaén. Castaños le corta el paso y tiene lugar en Bailén la célebre batalla en que fueron abatidas las águilas napoleónicas por vez primera el 19 de julio de 1808.
Tres días después se firmó la capitulación de Bailén, entregando los franceses banderas y 20.000 prisioneros de guerra así como vasos sagrados, robados a su paso por Andalucía.

XI. Primer sitio de Zaragoza. Agustina de Aragón.


Con la gran derrota infligida a los franceses en Bailén, queda tan comprometida la situación de la Corte del Rey José, que este decide marcharse de Madrid y retirarse con sus tropas hacia el Ebro, en espera de los refuerzos que le envía el Emperador.
Zaragoza ha sido sitiada por el general francés Lefebvre, que amenaza con pasar a cuchillo a todos sus habitantes si no se rinden; los valerosos aragoneses contestan negativamente y se aprestan a realizar la heroica defensa que los inmortalizará. Y cuando tras una pieza de la artillería española caen todos los hombres, surge la heroína famosa.
Es una mujer del pueblo, "Agustina de Aragón", pues con este nombre pasó a la historia, la que prende valerosamente la mecha del cañón que contiene a los asaltantes.
Una jota bravía brota de los enardecidos pechos:

 

"La Virgen del Pilar dice
que no quiere ser francesa,
que quiere ser capitana
de la tropa aragonesa."

 

XII. La condesa de Bureta, heroína española.

Y también la nobleza, representada por otra mujer heroica, la condesa de Bureta, se bate contra el invasor.
La valerosa condesa, patriota infatigable y exaltada, se la ve muchas veces despreciar el fuego incesante, llevando provisiones y municiones a los combatientes y socorriendo a los heridos. Ante su casa, forma dos baterías en la calle y espera a los franceses, resuelta a combatirles hasta la muerte.
Esta gallarda mujer, de altivo porte y esbelta figura, arenga al paisanaje, empuña las armas y cuanto más rugen los cañones enemigos, más se agiganta su figura.
En estas gloriosas jornadas, los baturros dan generosamente su sangre en defensa de la independencia patria y cuando no tienen piedras ni sacos terreros para taponar las brechas que en las murallas hace la metralla enemiga, cierran con cadáveres de sus propios hermanos caídos.
Ante las amenazas de capitulación, contesta el general Palafox "¡Guerra a cuchillo!". Y el 31 de agosto los franceses levantan el sitio de Zaragoza, que les costó más de 3.000 bajas.

XIII. La Junta Suprema Central en Aranjuez.


José Bonaparte marcha de la capital de España, a consecuencia de la batalla de Bailén y de las sucesivas derrotas de los franceses.
Las Juntas Provinciales acuerdan entonces constituir una Junta Suprema Central gubernativa del reino, constituida por dos diputados de cada provincia. Al frente de ella ponen al anciano y respetable conde de Floridablanca, instalándose en el real sitio de Aranjuez; se celebra la primera reunión el 25 de septiembre de 1808.
También en Madrid se celebra en 1º de octubre, un consejo de generales, dividiendo en cuatro los ejércitos españoles: uno en Vascongadas y Norte de Castilla, a las órdenes de Blake; otro en Cataluña, mandado por Juan Manuel Vives; un tercero para el Centro, dirigido por Castaños y el cuarto para Aragón, al mando de Palafox.
Mientras Fernando VII permanece en cautiverio, acuerdan que el poder de la asamblea es soberano, procediendo la nueva Junta a ordenar la vida económica y militar del país.

XIV. Napoleón Bonaparte entra en España.


Viendo los hechos adversos para el ejército francés en la Península Ibérica, Napoleón en persona decide ponerse al frente de sus más aguerridas tropas y el 8 de noviembre entra en España con 250.000 veteranos, vencedores en las principales ciudades europeas.
Avanza desde la línea del Ebro y en una rápida campaña de tres semanas, el ejército francés derrota a las fuerzas españolas tan ligeramente formadas en Espinosa, Burgos y Tudela, avanzando camino de la capital de España.
El 20 de noviembre ataca Somosierra y aunque las tropas españolas, bien situadas, causan muchas bajas al enemigo, éste, superior en número y más organizado militarmente, pasa por la sierra del Guadarrama.
Ante la vista del Emperador, está ya el Madrid heroico, como presa codiciada. Y el día 2 de diciembre entra el corso en Chamartín.
La Junta española en pleno, marcha a Badajoz, con objeto de seguir organizando la resistencia.

XV. El Emperador de los franceses en Chamartín.


Sin perder tiempo, Napoleón dirige el ataque contra la capital de España con gran lujo de precauciones. La villa matritense no está fortificada y su guarnición se reduce a unos quinientos soldados.
Las huestes napoleónicas toman con facilidad el Retiro y poco después, el día 4 de diciembre, capitula Madrid.
Como si fuese Rey de España, Napoleón expide decretos desde Chamartín, creando con esto a José Bonaparte, que está en El Pardo, una situación desairada.
El 20 de diciembre entran en Madrid con gran pompa, el Emperador y su hermano José. A las pocas horas, ya instalado el Rey José en el Palacio Real, sale Napoleón de la capital, convencido de tener una España esclavizada y vencida.
A pesar de ello, aún tiene Napoleón que batir fuerzas a los ingleses que hay en la Península, cortándole por poco el paso a Francia.
Bonaparte se ha visto obligado a salir tan precipitadamente por la actitud de Austria, que según noticias recibidas, hacen necesaria su presencia en París.

XVI. Segundo sitio de Zaragoza.


Más de 36.000 hombres con sesenta cañones, bajo el mando de los mariscales franceses Moncey y Morlier atacan nuevamente a Zaragoza, defendida por los bravos aragoneses a las órdenes de Palafox.
Después de un mes de infructuosos ataques, el general Lannes organiza el ataque y después de haberse apoderado del Monte Torrero, el día 1º de febrero de 1809 penetran los franceses en la ciudad, luchando durante tres semanas calle por calle y casa por casa, se ataca al enemigo desde tejados y ventanas.
Se producen innumerables casos de heroísmo, pero el hacinamiento de los defensores y la escasez de víveres, producen el hambre y la peste.
La hermosa ciudad, que contaba al empezar el sitio con más de 55.000 habitantes, ya sólo tiene 18.000 y de éstos, 14.000 enfermos.
Ya sólo quedan 4.000 combatientes. El mismo Palafox, está enfermo; humanamente ya no hay posibilidad de resistencia y el 20 de febrero capitulan. Cuando entran los franceses, aquello no es una ciudad, ¡es un vasto cementerio!

XVII. Sitio de Gerona. El general Álvarez de Castro.


Ha pasado un año desde la fecha gloriosa del 2 de mayo de 1808 y aún no está abatido el león hispano.
A Gerona, ciudad sitiada por dos veces inútilmente, trata de asaltarla por tercera vez el general Saint-Cyr, con 30.000 hombres y gran lujo de artillería. Cuentan los sitiados para su defensa con la protección de San Narciso, patrón muy venerado de la ciudad, con la fidelidad a su general Álvarez de Castro y con quince mil corazones de bravos españoles dispuestos a la lucha.
A ninguna intimidación quiere escuchar. Una granada abate la bandera que tremola en lo alto, pero un valiente apellidado Montoro la enarbola de nuevo, entre una lluvia de balas. Todo el verano atacan los franceses sin conseguir entrar.
Es asombrosa la entereza y sangre fría del general Álvarez de Castro y de los gerundenses; pero el hambre unido también a la epidemia, va diezmando a los héroes.
Más de 20.000 hombres perdieron los franceses, hasta ocupar la plaza el 10 de diciembre de 1809. Álvarez de Castro fue apresado y hay indicios de muerte violenta.

XVIII. Los ingleses ayudan a España.


Inglaterra ayuda a España en esta guerra de invasión. Desde Portugal entra en nuestro país un ejército bajo el mando del general inglés John Moore con intención de llegar a Madrid, pero en continua lucha con los soldados de Napoleón, es obligado a replegarse hasta La Coruña, donde después de encarnizada batalla, consigue Moore reembarcar a las fuerzas británicas para su patria, pereciendo Moore en esta empresa en enero de 1809.
Nuevamente se internan los ingleses en Portugal a las órdenes del general Wellington, al comenzar el año 1810, consiguiendo tomar la línea del Tajo.
En tierras portuguesas luchan los ingleses contra los soldados de Bonaparte, a los que manda el general Massena, siendo Coimbra y Torres-Vedras escenario de estas batallas, en septiembre de 1810.
Lord Wellington que reúne 130.000 hombres, entre su ejército y las milicias españolas y portuguesas, persigue al general Massena que se ve obligado a retirarse de Portugal hasta las Fuentes de Oñoro, donde nuevamente se abaten las águilas napoleónicas.

XIX. La actuación de los guerrilleros.


Los franceses encuentran la resistencia de las fuerzas regulares y las tropas inglesas, pero además hay un factor primordial en la historia de la guerra de la Independencia: ¡Los guerrilleros!
Los guerrilleros pertenecen a diversas clases sociales y se agrupan por partidas al mando del más experto y audaz. Resucitan el ataque por sorpresa que ya fue empleado en otras épocas por el indómito pueblo español, favorecidos por el abrupto y quebrado terreno peninsular; acechan los movimientos del ejército enemigo, atacan avanzadas, asaltan convoyes y correos y tras causar pérdidas a los franceses, desaparecen por el desigual terreno que conocen mejor que los invasores, a los que desesperan y traen constantemente en jaque.
Así se inmortalizaron en Navarra, Javier Mina y su sobrino; en las montañas de Burgos, el cura Jerónimo Merino; en Salamanca, Julián Sánchez "El Charro"; en La Mancha, el médico Juan Palarea; en Cataluña, el barón de Eroles, Francisco Miláns del Bosch y tantos otros que supusieron enaltecer a la Patria.

XX. Francisco Espoz y Mina.


Fueron los guerrilleros tal pesadilla para los invasores, que el general francés Soult expidió en Andalucía este decreto: "No hay ningún ejército español fuera del de S.M. católica Don José Bonaparte. Así que todas las partidas que existan en las provincias, cualquiera que sea su número y cualesquiera que sean sus comandantes, serán tratadas como reuniones de bandidos y los individuos de ellas cogidos con las armas en la mano, serán fusilados y sus cadáveres expuestos en los caminos públicos". Los guerrilleros hostigan cada vez más a los franceses.
Entre los más destacados guerrilleros está el navarro Francisco Espoz y Mina, que tiene 30 años y combate al lado su tío Javier; en cuarenta y tres acciones de guerra vence a los más famosos generales franceses.
Al frente de su partida, toma varias plazas, imponiendo una contribución de 100 onzas de oro mensuales a la aduana francesa de Irún. Cuando muere en 1836, su viuda recibe el título de Condesa y el nombre del general Espoz y Mina se inscribe en el Congreso de los Diputados, entre otros héroes de la libertad.

XXI. Juan Martín, "El Empecinado".


Un guerrillero aventaja a todos en fama: Juan Martín Díaz, conocido por el sobrenombre de "El Empecinado". Nacido en Castrillo de Duero (Valladolid), tiene 33 años al estallar la guerra de la Independencia. Antes luchó contra Francia en el Rosellón.
Su fortaleza física, hermana con su corazón generoso y amor a la libertad. Empieza formando una guerrilla de media docena de convecinos equipados y armados por él mismo. Con ellos intercepta correos, combate y hace prisioneros.
Sorteando mil peligros, lleva unos pliegos importantísimos al general inglés Moore. Recibe mil duros de recompensa por este servicio, los que dedica a comprar caballos y monturas para aumentar su guerrilla. Con ella se convierte en el adversario más temible de los franceses.
Sus muchas hazañas, le valen ser nombrado general por la Regencia. Más tarde fue perseguido por pedir a Fernando VII que restableciera la constitución. Cuando en 1825 le conducen al cadalso, rompe sus ligaduras y muere luchando contra sus verdugos.

XXII. Cádiz muestra su temple resistiendo.


Durante el año 1810 nuevas desgracias amenazan a España.
Napoleón, después de vencer a los austriacos, envía más refuerzos a sus ejércitos de la Península.
Con estos refuerzos, el Rey José manda al general Soult hacia Andalucía. Con poca resistencia toman Sierra Morena, entran en Sevilla y sitian a Cádiz. A la población gaditana se le unen las fuerzas españolas de Extremadura y 5.000 hombres, entre ingleses y portugueses que envía el Gobernador de Gibraltar. Los gaditanos forman una milicia de 8.000 voluntarios. Cádiz es protegida desde el mar, por las escuadras inglesa y española.
El día 6 de marzo, un gran temporal causa a los españoles la pérdida de varios navíos, uno de ellos inglés. Los franceses disparan contra los náufragos arrojados a la costa y les incendian los buques.
A sus peticiones de rendición, las valerosas mujeres cantan:

 

"Con las bombas que tiran los fanfarrones
se hacen las gaditanas tirabuzones"

 

XXIII. Se crea en Cádiz el Consejo de Regencia.


Resuelve la Junta Central trasladarse a la Isla de León.
Se nombra un Consejo de Regencia constituido por el Obispo de Orense Don Pedro de Quevedo y Quijano, el Consejero de Estado Don Francisco de Saavedra, el general Castaños, el marino don Antonio Escaño y el mejicano Don Miguel de Mendizábal.
Toda España, desde los Pirineos hasta Cádiz, se halla nominalmente en manos del Rey José, pero el pueblo se resiste y la guerra toma aspecto feroz.
Napoleón sólo concede beligerancia a los soldados de profesión y en vez de respetar el sentimiento patriótico de la nación que lucha por su independencia, trata a las tropas irregulares con bárbara crueldad y las mujeres son ultrajadas.
A los motivos personales, se une un sentimiento religioso, por haberse apoderado el Emperador de los estados Pontifícios y haberse llevado prisionero a Francia al Papa Pío VII.
Por estas causas, las guerrillas aumentan y el Rey José, acaba siendo sólo dueño de las plazas ocupadas por tropas francesas.

XIV. Proclamación de las Cortes de Cádiz.


Grande es la alegría del pueblo al saber que en Cádiz se han proclamado las Cortes generales extraordinarias el 24 de septiembre de 1810. Los diputados se reúnen este memorable día, en el Salón del Ayuntamiento de la Isla de León. Antes de iniciar la asamblea, se dirigen presididos por los regentes, a la Iglesia Mayor, donde oyen la misa del Espíritu Santo.
Los diputados prestan su juramento solemne con calma majestuosa:
-"¿Juráis- se les pregunta- defender la religión católica, apostólica y romana, la integridad del territorio nacional, el trono de Fernando VII y el desempeño fiel de vuestro cometido?
- ¡Sí juramos!- responden con nutrida voz.
- Dios os lo premie si así lo hiciereis y si no os lo demande."
Así nace la aurora de la moderna libertad española, en medio de una guerra contra un país extranjero, estando las Cortes rodeadas de baterías enemigas que no cesan de hostigarlas.

XXV. La guerra en el año de 1811.


En calamitosos días abren sus sesiones los representantes del país y hasta el 20 de febrero de 1811 no se trasladan a Cádiz. Los franceses bombardean la plaza sin cesar.
El general Castaños, ayudado por los ingleses, vence a las huestes de Napoleón en Extremadura. Este triunfo, unido a la ocupación por sorpresa del castillo de Figueras, levanta las caídas esperanzas.
Es muy brillante la defensa hecha por los españoles de la ciudad de Tarragona, en mayo de 1811. Bombardeada intensamente por el enemigo, los sitiados contestan con nutrido cañoneo y ametrallan a los asaltantes.
Los buques ingleses aumentan el horror de las sangrientas jornadas, descargando contra los franceses, terribles andanadas.
Muchos de los que bizarramente pelean, se ven acometidos por la espalda y mueren lastimosamente. Más de 4.000 habitantes perecen en la tenaz resistencia, siendo la Catedral el último reducto y el 28 de junio cae Tarragona en poder francés.

XXVI. La guerra en 1812. Batalla de los Arapiles.


Los guerrilleros viendo que las operaciones de los ejércitos tienen poca fortuna, mientras que las partidas combaten con buen éxito, intensifican sus acciones de guerra por sorpresa.
En enero y febrero de 1812, capitulan Valencia, Peñíscola y Denia, mientras que Tarifa resiste y Lord Wellington toma Ciudad Rodrigo.
Las Cortes promulgan en Cádiz la Constitución que es aclamada con entusiasmo por el pueblo el 19 de marzo. Se convoca a la nación a elecciones para Cortes ordinarias en el año de 1813.
Lord Wellington consigue tomar Badajoz y derrota completamente a los franceses en la batalla de los Arapiles, cerca de Salamanca, el 22 de julio; en esta batalla se les hacen 7.000 prisioneros y otros tantos muertos y heridos, entre ellos tres generales.
Triunfalmente llega el general inglés hasta Madrid, obligando a evacuarlo precipitadamente al Rey José, entrando victorioso en la capital de España el día 12 de agosto de 1812.

XXVII. Derrota de los franceses en Vitoria.


Wellington es nombrado por las Cortes "general en jefe de las fuerzas españolas" y se le concede el título de duque de Ciudad Rodrigo.
Las fuerzas del Rey José que salieron de Madrid, se unen a las del general Soult, comprometiendo la situación de Lord Wellington.
Este general marcha a Portugal para rehacer su ejército, circunstancia que aprovecha el Rey José para entrar nuevamente en Madrid el 2 de noviembre de 1812.
Napoleón no puede enviarle refuerzos por estar en lucha contra Rusia y le ordena trasladar la corte a Valladolid, a mediados de marzo de 1813.
Lord Wellington con sus tropas anglo-españolas obliga al Rey José a retirarse de Valladolid a Burgos, el 9 de junio de Burgos a Miranda y de Miranda a Vitoria.
Perseguido de cerca el Rey "Intruso" tiene que aceptar la batalla en el llano de Vitoria el 21 de junio de 1813, siendo derrotado y obligando al rey a cruzar la frontera precipitadamente.
Cae en poder de los españoles el equipaje del Rey, sus papeles íntimos y un inmenso botín, procedentes del saqueo francés.

XXVIII. Los franceses se retiran de España.


El general español Freire derrota a los franceses en San Marcial el 31 de agosto; el mismo día toman San Sebastián los anglo-portugueses.
Wellington toma Pamplona el 31 de octubre de 1813 y penetra después en territorio francés.
Napoleón trata entonces con Fernando VII, su prisionero de Valencey, para devolverle el trono de España, firmando un vergonzoso tratado de paz, que las Cortes ordinarias reunidas en Madrid a principios de 1814, rechazan el acuerdo firmado, por medio de decreto y manifiesto con fecha 2 de febrero.
El 6 de febrero abdica Napoleón en Fontainebleau. Se pacta la suspensión de hostilidades entre Wellington y los franceses Soult y Suchet, en los días 18 y 19 de abril de 1814, obligándose a devolver a España todas las plazas ocupadas.

"El valiente pueblo ibero
jura con rostro altanero
que hasta que España sucumba
no pisará vuestra tumba
la planta del extranjero"