Fecha:12/13/07
Autor: Enrique Villuendas
Titulo: Venecia, la perla del Adriático

>>Venecia, la perla del Adriático.
Conocida como la Perla del Adriático en su época de mayor esplendor (la Baja Edad Media), la Serenísima República de Venecia fue una de las más florecientes metrópolis del Mediterráneo oriental. Eterna enemiga de la República de Génova, Venecia se mantuvo siempre bajo la influencia bizantina, aún siendo independiente, y obtuvo gran provecho de las Cruzadas creando todo un imperio comercial y estableciendo sucursales por todo el Mediterráneo.
La Historia de Venecia está íntimamente ligada al evangelista San Marcos, cuyo cuerpo fue trasladado a la ciudad por dos mercaderes desde Alejandría en el año 828. Para lograr su plena independencia del imperio bizantino Venecia precisaba de una autonomía también religiosa. El león, emblema del nuevo santo patrón, pasó a ser el símbolo del joven Estado, que en este primer momento apenas incluía las islas de la laguna. Se instituyeron las primeras formas estables de gobierno y, hacia el siglo X, nació así la que sería Serenísima República de Venecia, gobernada por los dux elegidos por la aristocracia véneta. El carácter comercial del Estado veneciano estuvo presente desde su fundación, pero la República alcanzaría su máximo esplendor político, económico y cultural en los siglos XII, XIII y XIV, convirtiéndose en una verdadera potencia mediterránea. Las factorías venecianas lograron imponerse por todo el mundo bizantino gracias a su apoyo y financiación de las Cruzadas a Tierra Santa, y las galeras de la Serenísima surcaban el Adriático con sus bodegas llenas a rebosar de sedas, marfiles, piedras preciosas, especias, papel y cerámica procedentes de los mercados asiáticos a través de las rutas que se dirigían hacia China, La India y Japón desde Constantinopla. La riqueza trajo el lujo, los mercaderes comenzaron a construir nuevos y más bellos palacios y Venecia adquirió en estos años el justo apelativo de Perla del Adriático...
La organización política republicana se fue haciendo más compleja a medida que crecía su influencia en el mediterráneo y tenía que enfrentarse a otras potencias comerciales como Génova, Pisa o la Corona de Aragón. Se crearon nuevas instituciones (el Consejo de los Diez, el Gran Consejo, el Senado, la Quarantía...) mientras los nacimientos y matrimonios de las familias nobles eran recogidos en el Libro de Oro y las calles y canales venecianos se iban viendo flanqueados por nuevas y más hermosas casas, palacios e iglesias. Entre todas ellas descollará la Basílica de San Marcos, cuya fábrica actual comenzó a edificarse en 1063 pero que fue enriquecida con multitud de adornos hasta el siglo XV. De estilo bizantino y planta centralizada, inspirándose en Santa Sofía de Constantinopla, su magnífico interior se encuentra completamente cubierto de mosaicos de fondos dorados. Emblema religioso de la Serenísima, San Marcos fue construida para albergar las reliquias del Evangelista y cuenta con obras de arte como los célebres caballos de bronce, el grupo de los Tetrarcas (en el exterior) o la Pala d’Oro (el retablo de oro).
Y si San Marcos es el emblema religioso de la Serenísima, indudablemente el poder político reside en el Palazzo Ducale, edificado como residencia de los Dux entre los siglos. XIV y XVI. Las dos alas que dan al canal de San Marcos y a la Piazetta son un magnífico ejemplo del gótico tardío y en su interior encontramos estancias como la Sala del Gran Consejo, la Escalera de los Gigantes, La Sala del Escrutinio e incluso la célebre prisione dei Piombi (prisión de Los Plomos), donde estuvieron encerrados notables personajes de la vida veneciana como Giacomo Casanova... El Palacio Ducal albergaba todas y cada una de las instituciones públicas de la Serenísima y en sus salas y pasillos encontramos el boato y la riqueza de una república comercial que veía sus almacenes y mercados constantemente repletos de mercancías preciosas procedentes de los más lejanos confines del mundo conocido. El Palacio y la Basílica dan paso a la Piazetta di San Marco, donde encontramos también los edificios de las Procuradurías Vieja y Nueva, el Campanile y las columnas que marcan el único acceso a la ciudad desde el mar...
No es fácil resumir en pocas líneas los muchos tesoros que alberga la Perla del Adriático. En 1570 las galeras venecianas participaron junto a las tropas papales y españolas en la batalla de Lepanto. Venecia se había convertido ya para entonces en el tercer foco del Renacimiento italiano, junto a Roma y Florencia, y en ella artistas como Tiziano, Tintoretto, Giorgione o el Veronés se convertirán en los pintores de la luz y el color. Con el paso del tiempo y el enriquecimiento progresivo de sus habitantes, Venecia vio como las orillas del Gran Canal que la atraviesa eran flanqueadas por palacios como la Ca’ Foscari, el Vendramin-Calergi, la Ca’ Pesaro, el Contarini o la Ca’ d’Oro, ejemplos magníficos de la Edad de Oro artística y cultural alcanzada por la República entre los siglos XV y XVIII. Por otra parte, a San Marcos se irán añadiendo nuevos ejemplos de arquitectura religiosa como San Giorgio Maggiore, Santa María della Salute, los Scalzi o la Scuola di San Marco entre muchísimas otras... A ello se añadirán en el siglo XVIII también las obras de los veduttisti, los pintores de “vedutte” o “vistas” ciudadanas, como Canaletto o Francesco Guardi, que nos han legado magníficas imágenes de Venecia en su decadencia comercial y política.
Hoy no es extraño que Venecia sea un destino turístico de primer orden. Los ecos del viajero Marco Polo, del conquistador Giacomo Casanova, del megalómano Richard Wagner (que murió en Venecia en 1883), del "prette rosso" (el sacerdote pelirrojo) Antonio Vivaldi o del envidioso Salieri resuenan en sus calles y canales. Los sofisticados disfraces clasicos y las maravillosas máscaras hacen que el Carnaval de Venecia continúe siendo el más elegante y reconocido de Europa. Las góndolas, los canales, los puentes como el de Rialto, los "barcini", las "dársenas" (muelles), los centenarios cafés de San Marcos, las fábricas de cristal de Murano y muchos aspectos más convierten a Venecia en una visita ineludible para comprender el presente y el pasado de la Europa Mediterránea.