Fecha:9/3/07
Autor: Desc.
Titulo: Torturas de la Inquisicíon 2ª

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>>Torturas de la Inquisición 2ª Parte.

El desgarrador de senos.




Frías o ardiendo, las cuatro puntas del "desgarrador de senos" desgarraban hasta convertir en masas informes los senos de millares de mujeres condenadas por herejía, blasfemia, adulterio y muchos otros "actos libidinosos"; aborto provocado, magia blanca erótica y otros delitos.

En varios lugares y en épocas distintas, se aplicaba un "mordisco" con las puntas al rojo vivo en un seno de las madres solteras, a menudo mientras sus hijos se retorcían en el suelo salpicado por la sangre de sus madres.

 Además de la función punitiva, el desgarramiento de senos servía también como procedimiento inquisitorial y judicial.

 

El garrote.

Hay dos versiones básicas de éste instrumento:

 La típicamente española, en la cual el tornillo hace retroceder el collar de hierro matando a la víctima por asfixia. Estamos hablando de la Inquisición, y sin embargo, este tipo de fue usado en España hasta que en 1975 se abolió la pena capital.

La catalana, en la cual un punzón de hierro penetra y rompe las vértebras cervicales al mismo tiempo que empuja todo el cuello hacia delante aplastando la tráquea contra el collar fijo, matando así por asfixia o por lenta destrucción de la médula espinal. La presencia de la punta en la parte posterior no sólo no provoca una muerte rápida, sino que aumenta las posibilidades de una agonía prolongada. Fue usado hasta principios de éste siglo en Cataluña y en algunos países latinoamericanos. Se usa todavía en el Nuevo Mundo, sobre todo para la tortura policial pero también para ejecuciones.

El toro de falaris.




Los alaridos y los gritos de las víctimas salían por la boca del toro, haciendo parecer que la figura mugía.

De todas formas, no existen pruebas. Al contrario, Falaris fue considerado por escritores casi contemporáneos un gobernante culto y justo.
El toro de Falaris estaba presente en numerosas salas de tortura de la Inquisición de los siglos XVI, XVII y XVIII.

Garras de gato o cosquilleador español.




Su tamaño rondaba el de los cuatro dedos de una persona. Montado encima de un mango y se usaba para reducir a tiras la carne de la victima y extraerla de los huesos en cualquier parte del cuerpo: cara, abdomen, espalda, extremidades, senos....

La cuna de judas.



Éste era un instrumento de tortura usado principalmente para confesiones.

La víctima es izada de la manera observada en la ilustración, y una vez levantada, soltada sobre la punta de la pirámide de tal manera que su peso se posa sobre el ano, la vagina, bajo el escroto o bajo el cóccix. Según las indicaciones de los interrogadores, el verdugo varía la presión desde nada hasta todo el peso del cuerpo. También se puede sacudir a la víctima o hacerla caer repetidas veces sobre la punta.

La "cuna de Judas" recibe el mismo nombre en italiano, alemán y en inglés, denominándose en francés "la veille" ("la vigilia").

En la actualidad, éste es un método muy expendido por los gobiernos latinoamericanos, con muy pocas variaciones respecto al utilizado por los inquisidores, y siendo éstas principalmente la "mejora" de los cinturones y la incorporación de la electricidad.

La doncella de hierro.



Hay multitud de instrumentos de tortura con forma de sarcófago antropomorfo con dos puertas y clavos en su interior que penetran en el cuerpo de la víctima cuando éstas se cierran.

Los clavos eran desmontables, con lo que se podían cambiar de lugar, con el fin de poseer un amplio abanico de posibles mutilaciones y heridas que daban lugar a una muerte más o menos prolongada, siempre entre grandes sufrimientos.

Látigos.



Hay gran variedad de látigos. Entre ellos, los hay de dos, tres y hasta ocho cadenas provistas de abundantes estrellas o/y hojas de acero cortante que se usaban y se usan para flagelar el cuerpo humano.

Para desollar se utilizaban látigos de muy diferentes tamaños; gigantes como "el gato de nueve colas", que podía lisiar un brazo y un hombro de un sólo golpe, o finos y pérfidos, como el "nervio de toro", que con dos o tres golpes podía cortar la carne de las nalgas hasta llegar a la pelvis.

El látigo de desollar se empapaba en una solución de sal y azufre disueltos en agua antes de utilizarlo, lo que unido a sus estrellas lo convertían en una herramienta destructiva y muy útil para el torturado. La carne, al ser golpeada, se convertía en pulpa, dejando a la vista diferentes órganos internos.
Los látigos se siguen usando en la actualidad. 

En esta fotografía se incluyen: un látigo de cadenas formadas por eslabones planos y ovales, afilados como cuchillas en forma de hojas; otro de cadena doble con cuatro pesadas estrellas de hierro en la punta; y un fragmento de un látigo del siglo XIV, denominado corona de espinas en honor a Jesucristo.

La horquilla del hereje.



Como se puede apreciar en la fotografía, la "horquilla del hereje" estaba compuesta por cuatro puntas afiladísimas que se clavaban profundamente en la carne, bajo la barbilla y sobre el esternón. La horquilla impedía cualquier movimiento de la cabeza, pero permitía que la víctima murmurase, con la voz casi apagada (lo que se conocía como "abiuro", palabra que se halla grabada en un lado de la horquilla). Si se negaba a confesar, el hereje, considerado como "impenitente", era vestido con el traje característico y conducido a la hoguera, con la condición de la Extremaunción, en el caso de la Inquisición española. Si el inquisidor era romano, el hereje era ahorcado o quemado.

La pera oral, rectal y vaginal.



Estos instrumentos se usaban y aún se usan en formatos orales y réctales. Se embutían en la boca, recto o vaginal de la víctima, y allí se desplegaban por medio de un tornillo hasta su máxima apertura. El interior de la cavidad quedaba dañado irremediablemente. Las puntas que sobresalen del extremo de cada segmento servían para desgarrar mejor el fondo de la garganta, del recto o de la cerviz del útero.

La pera oral normalmente se aplicaba a los predicadores heréticos, pero también a seglares reos de tendencia antiortodoxas. La pera vaginal, en cambio, estaba destinada a las mujeres culpables de tener relaciones con Satanás o con uno de sus familiares, y la rectal a los homosexuales pasivos.

Strappardo.



La técnica de este método era atar las manos del acusado a su espalda para luego pasarle un largo palo (llamado Strappardo) por el nudo de las muñecas, el cual, con un ingenioso mecanismo de poleas, izaba al condenado unos metros. Para inflingir aún más dolor, solían atar a los pies o a los testículos de las víctimas grandes pesos.


Generalmente esto bastaba para conseguir sus fines aunque, en casos extremos, llegaban a soltar bruscamente las poleas, con lo que el condenado literalmente caía hacia el suelo impulsado por su propio peso más la carga adicional atada a sus pies o testículos. A pocos centímetros del suelo frenaban súbitamente la caída. Este sistema de soltar al condenado parándole con brusquedad en su caída se llamaba "Squassation" y con mucha frecuencia lo que provocaba era la dislocación de los brazos de las víctimas.

 

Crucifixión.

En este cruel método de tortura, se situaba a la víctima encima de un taburete enfrente de una gran puerta de madera cerrada. Sus brazos eran levantados verticalmente por encima de su cabeza. Por un lado la muñeca era atada entre el cúbito y el radio y por el otro a la puerta. También los pies eran convenientemente atados entre el primer y segundo metatarso.


Los inquisidores, entonces y simultáneamente, abrían súbitamente la puerta y quitaban el punto de apoyo de la víctima (el taburete) con lo que el condenado quedaba literalmente crucificado en la puerta, inflingiéndole más o menos dolor dependiendo de la fuerza con que abrían y cerraban la puerta, con independencia de las torturas añadidas, menos sofisticadas como latigazos o calor, que aplicaban durante la crucifixión. Esta, con independencia de otras posibles, fue una de las torturas que padeció el último Gran Maestre Jaques de Molais como medio para arrancarle confesión.

 

Horno de pie.

Otro de los métodos favoritos de los torturadores de la Inquisición era atar a los acusados a una pequeña mesa de madera, impregnar los pies (que sobresalían de la longitud de la mesa) con grasa animal y acercar la mesa a un horno abierto, con lo que la grasa entraba en ignición inflingiendo gravísimas quemaduras e intenso dolor. Uno de los templarios que sufrieron esta tortura, Bernard de Vaho, fue llevado ante la corte de justicia llevando una pequeña caja que contenía sus propios huesos del pié, totalmente calcinados.

La bota de hierro.

Consistía en unas cuñas que se ajustaban a piernas, rodillas y tobillos. El verdugo con un martillo grande golpeaba las cuñas, con cada golpe el inquisidor repetía la pregunta, las cuñas laceraban la carne y aplastaban los huesos, a veces haciendo chorrear la medula.

Tortura del agua.



Estandarizado en Francia pero usado a través de la cristiandad la tortura mantenía al procesado totalmente inmovilizado sobre una mesa de madera, le colocaban un trapo en la boca y le echaban agua, tragando el reo por reflejo y llegando el trapo, muy largo, casi al estómago. Entonces tiraban de él produciendo un terrible dolor; Otra forma es colocarle en la garganta el trapo y verter el agua produciéndole al infeliz la sensación de ahogamiento, como vemos en la foto. Una variación incluía alimentar a la víctima solamente con alimentos salados y agua sucia. Estos y otros métodos se demostraron altamente positivos en los interrogatorios a los templarios, de los 138 templarios interrogados en Paris, 134 confesaron todas las cargas acusatorias.


No es de extrañar que, bajo aquellas bárbaras sesiones de torturas, los templarios confesaron toda suerte de pecados contra la Iglesia, extrañas prácticas y rituales, Osculum Infame, adoración de ídolos... Sin embargo, hoy en día esta probado que todas las acusaciones únicamente se hallaban en las retorcidas mentes de los torturadores ya que la tortura, el increíble terror anterior y el intensísimo dolor durante y después de las sesiones, hace a las víctimas reconocer cualquier delito que se las quiera imputar. Uno de los templarios sobrevivientes a las torturas admitió: "En aquellas circunstancias hubiera confesado haber asesinado al mismo Dios".

La guillotina.


El método más famoso de ejecución, normalmente asociado con Francia. Se usó sin embargo de forma primitiva ya en el siglo XIV en Escocia para ejecutar a nobles.


La versión moderna se invento a finales de 1700 por Joseph-Ignace Guillotin, promovió una ley por la cual todas las ejecuciones deberían hacerse con "una máquina que decapitara rápidamente y sin dolor." La primera persona en perder su cabeza con el dispositivo fue un bandolero el 25 de abril De 1792.

 

El sangrado.


Se creía que la fuerza de las brujas podría ser controlada al hacerlas sangrar. Esto implicaba rebanar o abrir a la víctima en la cara o cerca de una vena importante. Acusados sometidos a esta tortura perdían rápidamente sangre y se desmayaban debido a esto, comprobando que el acusado era asistido por el demonio al sacarle el alma del cuerpo para que no sufriera.

 

Tortuga.




Comprimir o triturar bajo una madera con peso encima (también llamado la tortuga) era un método común entre los ingleses. En esta foto del siglo XVI se muestra la "tortuga" con su variación de la "balanza", un tronco puesto en la espalda de la victima para que el espinazo se quebrara bajo el peso. En la parte superior del dibujo se puede apreciar un preso en el cepo. Esta tortura es protestante.

La hoguera.



Es una de las torturas más antiguas, victimas de ella fueron los herejes y brujas. Probablemente la muerte más famosa en la hoguera fue la de Juana de Arco por herejía. San Agustín (354-430) declaró que los herejes, paganos y judíos se quemarían por siempre en el fuego eterno a menos que cumplan con las leyes de la Iglesia Católica, como resultado de esta declaración de este Santo se quemaron cientos de personas como un presagio de lo que estaba por venir.


En Francia, Alemania y Escocia, los gastos de la cárcel y hoguera se cargaban a la propiedad de la víctima o parientes. El quemar una bruja era un espectáculo público grande, la ejecución se llevaba al poco tiempo de dictar sentencia, se contrataba al ejecutor de la justicia para que construyera el lugar de la ejecución y recogiera la madera para la hoguera. En Escocia, antes de quemar una bruja se la hacia ayunar y orar por varios días, primero se la estrangulaba, entonces su cadáver (muchas veces semiconsciente) y con el cuerpo semidesnudo se ataba a una estaca y se vaciaba encima de su cuerpo un barril de alquitrán para encenderlo. Se creía que si la bruja (víctima) estaba viva no saldrían llamas de su cuerpo, así que los espectadores la golpeaban y pateaban para que la hoguera humana tuviera llamas.

El taburete de sumersión.

Normalmente era un castigo muy desagradable dado por lo general a las mujeres. La víctima se ataba a una silla que se colgaba en el extremo de un brazo de libre movimiento, se hundía en el río mas adecuado o en un estanque. Eran a los operadores del brazo que decidían cuanto tiempo debía estar la víctima bajo el agua, muchas mujeres mayores murieron por temor del agua fría o se las ahogo. Se usó en EE.UU. y Gran Bretaña para castigar a violadoras de menores, prostitutas y gruñonas.

La atadura.


Esta forma de torturar era muy específicamente para mujeres. Implicaba atar un palo en el pelo de la mujer y torcer, torcer y torcer de éste. Cuando los brazos de inquisidor se cansaban, le encomendaría ésta tarea a sus colaboradores mientras se contemplaba a la víctima de abajo. No solo el pelo sería desgarrado, sino que muy a menudo se podía observar que el cuero cabelludo estaba abierto exponiéndose el casquillo del cráneo. Como era de esperar, solamente a las mujeres con pelo largo o grueso se le practicaba este método de tortura.

La turca.

Este método de tortura fue ideado para arrancar las uñas. En 1590 y 1591 Juan Fian fue sujeto a esta y otras tantas torturas en Escocia. Después de que sus uñas fueron arrancadas, le introdujeron clavos en su lugar.

Las mascaras.


Estos artilugios, que existían con gran profusión de formas fantasiosas, desde 1500 hasta 1800, se imponían a quienes habían manifestado imprudentemente su descontento hacia el orden, contra las convenciones vigentes, contra la prepotencia del poder o, de cualquier forma, contra el estado de las cosas en general. A través de los siglos, millones de mujeres, consideradas conflictivas por su cansancio de la esclavitud doméstica y los continuos embarazos, fueron humilladas y atormentadas; así el poder eclesiástico exponía el escarnio público a los desobedientes y a los inconformistas. La Iglesia castigaba una larga lista de infracciones menores mediante este método.

La inmensa mayoría de las víctimas eran mujeres, y el principio que se aplicaba era siempre el de mullier taceat in ecclesia, la mujer calla en la iglesia. Muchas máscaras incorporaban piezas bucales de hierro, algunas de éstas mutilaban permanentemente la lengua con púas afiladas y hojas cortantes.


Las víctimas encerradas en las máscaras y expuestas en la plaza pública, también eran maltratadas por la multitud. Golpes dolorosos, ser untados con orina y excrementos, y heridas graves (a veces mortales, sobre todo en los senos y el pubis) eran su suerte.

 

Limpieza del alma.


La creencia católica es que el alma de las brujas son almas corrompidas. A las víctimas se las limpiaba antes de castigarlas haciéndoles beber cosas calientes o hirvientes; como pueden ser agua, hierros, carbones, e incluso jabón.

 

Frió calor.


Tortura refinada. Se afeita la cabeza del torturado y se coloca sobre ella dos recipientes, uno con agua hirviendo y otro con agua helada. Se deja caer en la coronilla de la víctima una gota de cada uno de ellos, alternativamente. El cambio brusco de temperatura produce un efecto doloroso.

Tormento chino.

Desconocemos si realmente se inventó en la lejana China. Se introducen astillas bajo las uñas de los dedos de los pies o de las manos y se espera. Si el torturado no confiesa, se prende fuego a las astillas.

 

La melaza.


Se unta a la víctima con melaza y se la deja inmovilizada en las inmediaciones de un hormiguero. Es especialmente eficaz en las zonas tropicales, donde existen especies de hormigas particularmente voraces.

 
Bota malaya.


La bota malaya es un artilugio con forma de bota de madera con un mecanismo de prensado. Al girar la palanca, la bota se va encogiendo por dentro. El resultado final es como si a una persona que calza el 42 se le pone una bota de madera del 30: huesos del pie rotos y terribles dolores.

 

El brasero.


Simple pero efectivo. Se calienta en una fragua o brasero un hierro al rojo vivo y se quema con él diferentes partes del cuerpo del torturado, al cual se le mantiene inmovilizado. El torturador puede actuar sobre distintas zonas del cuerpo donde el dolor es más o menos intenso, prolongando el sufrimiento como desee.

 

El yelmo.


Se coloca al individuo un yelmo de metal de unos 40 cm. de diámetro y se introducen en su parte superior un par de ratas hambrientas, que se alimentarán vorazmente con la cara de la víctima. Existen variantes para otras partes del cuerpo, como por ejemplo los genitales.

 

Insomnio.


En Inglaterra ésta tortura no fue permitida contra las brujas, la tortura por insomnio era provocada por tal afección, y las autoridades no la consideraban una tortura. Se uso en herejes menores.

Caminante.


Esta "suave" tortura usada principalmente en Inglaterra se la empleaba en conjunto con la tortura del insomnio, consistía en hacer caminar y recorrer a la victima hasta que se cansara y le salieran ampollas en los pies.

 

La espinilla.


Tortura aplicada en las piernas, la parte redonda se colocaba en la pantorrilla y la plana en la canilla, se ajustaba los tornillos hasta astillar el hueso, en casos extremos se apretaba hasta que la sangre y la medula chorreaban por la pierna de la víctima. Fue muy usada para sacar información y confesiones.

 

 

La silla de interrogatorios.




Se trataba de un utensilio básico del inquisidor. El efecto de los pinchos sobre la víctima, siempre desnuda, es evidente y no necesita comentarios. Ésta sufre atrozmente desde el primer instante del interrogatorio, que puede ser más intenso si se aplican sacudidas o golpes en brazos, piernas u otras partes del cuerpo.
El asiento era muchas veces de hierro, de manera que se podía calentar con un brasero o una antorcha. Hoy en día esta función la realiza la electricidad.