Fecha:30/8/06
Autor: José Torres
Titulo: Stalingrado I Prologo

>>Mientras el 1.er Ejercito Panzer corría hacia Maikop, el 6.º Ejercito alemán (que tenia gran parte de sus vehículos temporalmente en el grupo de Ejércitos A) se desplazaba lentamente hacia Stanligrado por el corredor del Don, atravesando la desolada estepa.
Hacia el 19 de agosto ya estaban listos para asaltar Stalingrado, mientras el 4.º Ejercito Panzer subía a lo largo del eje noroeste. El 23 de agosto un total de 600 aviones del VIII Cuerpo Aéreo de la Luftwaffe atacaron la ciudad que se extendía unos 30 kilómetros a lo largo de la orilla del Volga, y convirtió su centro en un infierno. Miles de civiles soviéticos, que tenían la orden de permanecer en Stalingrado para no entorpecer los movimientos del Ejercito Rojo, murieron en el bombardeo aéreo. Ese mismo día, las tropas alemanas entraron en los alrededores de la ciudad y deshicieron un saliente al norte, en la orilla oeste del Volga. En los cuarteles generales de Hitler en Viñitas, Ucrania, se respiraba un ambiente de júbilo. Se esperaba conseguir Stalingrado en unos días; el 6.º Ejercito ya estaba atravesando barrancos y zanjas dirigiéndose al entro industrial de la ciudad.

El 5 de septiembre, un contraataque del Ejercito Rojo diseñado para romper la pinza alemana del Volga al norte de Stalingrado tubo que dar marcha atrás debido a las perdidas ocasionadas. Stalin estaba decidido: Stalingrado tenía que resistir a cualquier precio, y después de mucho discutir, el 13 de septiembre apoyo un plan presentado por Zhukov, ahora al mando general del sector de Stalingrado. Quería rodear las fuerzas del eje en el bajo Volga y destruir el 6.º Ejercito de Paulus. Ese mismo día el general Vasili Chuikov fue nombrado nuevo jefe del 62.º Ejercito soviético. Chuikov era un sensato oficial de origen campesino que resulto ser un genio de lucha en la calle. Estableció su cuartel general en un bunker a orillas del Volga, con una pequeña flota de barcas que traían refuerzos, munición y provisiones, y llevaban heridos. Desde un principio Chuikov instaba a sus hombres a luchar <<como si no hubiera tierra más allá del Volga>>.
Por otro lado, el sector Stalingrado (ahora fue llamado Frente Stalingrado) paso al mando de otro oficial decidido y agresivo de origen campesino, el general Andrei Yeremenko.

Después del 13 de septiembre tras tres días de lucha salvaje los alemanes se abrieron camino entre la destrozada Stalingrado hasta llegar a la estación principal y a Mamayev Kurgan, un lugar estratégico a 8 km al noroeste que hasta hacia unos días había sido el cuartel gerenal del 62.º Ejercito. Ambos baluartes cambiaban de mano una y otra vez, ya que los soviéticos atacaban de noche y los alemanes contraatacaban de día. Sus carros atravesaban una ciudad de pesadilla, horadada por los cráteres de los obuses y sepultada por las montañas de ruinas. Cuando los hombres de chuikov cayeron sobre la orilla del Volga, los refuerzos de la 13.º División de Guardias salieron corriendo del interior y cruzaron el río. Consiguieron los embarcaderos vitales de la orilla occidental, pero a un precio muy alto, ya que casi todos murieron.

Tantos atacantes alemanes como los defensores soviéticos se refugiaban y vivían en sótanos, por debajo de los edificios en llamas. Luchaban desde los escombras, deslizándose de una posición a otra por montañas de ladrillos.
Las líneas del frente eran fluidas, y solo de vez en cuando caía una granada.
Hordas de ratas pululaban en medio de la carnicería, y se comían a los cadáveres e incluso a los moribundos. Era un paraíso para los Francotiradores, en el que se perdieron la libertad de maniobra y la flexibilidad en el campo de batalla, y la Blitzkrieg se sustituyo por una guerra de desgaste.

Los hombres del 6.º ejercito alemán estaban cada vez mas cerca de las escarpadas orillas del Volga. El gigantesco almacén Univermag de la plaza roja , a poco más de un kilómetro de los ferris , fue capturado por los alemanes tras una feroz lucha y se convirtió en el centro de operaciones de general Paulus. Unos 5 kilómetros al sur, en las afueras de stalingrado, un enorme silo de trigo fue la escena de un terrible asedio que duro dos meses, con los defensores de la ciudad acosados, cada vez más cerca del agua. Hacia 1 de noviembre, los alemanes habían cortado el grupo de Chuikov en la orilla oeste en cuatro partes, con lo que la comunicación entre dichas partes se tuvo que hacer por la orilla este. El día 12 los alemanes llegaban al Volga, en la zona sur de la ciudad, pero la batalla resultaba ahora desalentadora, y tuvo un coste desmedido. Se iba tragando de forma despiadada unidades esenciales que hubieran debido apoyar el avance, que nunca se realizo, hacia el Cáucaso. Esto era evidente para el alto mando alemán, pero no para Hitler; Stalingrado era su obsesión, pues el sentido de la ocupación transcendía lo militar. Como no podía ser de otra manera, finalmente el Führer impuso su voluntad.