Fecha:10/7/07
Autor: Enrique Villuendas
Titulo: Renacimiento y los Médicis.
>>Florencia, el Renacimiento y los Médicis.
Palazzo Vecchio, sede de la Signoría de Florencia
En el siglo XV Florencia, a orillas del río Arno, era la capital de una de las repúblicas más prósperas e importantes de la Italia medieval. Mercaderes, banqueros y artesanos habían hecho de la ciudad toscana un centro comercial de primer orden en cuyo mercado confluían productos de todas partes de Europa. El control de la ciudad estaba en manos de la Signoría, una institución de gobierno dominada prácticamente por una oligarquía de grandes familias financieras y mercantiles entre las que destacó por encima de todas la de los Médicis.

Lorenzo el Magnífco (1449-1492)
No es casual que fuera en la Italia tardomedieval y en este ambiente de prosperidad económica y de intrigas y luchas internas por el dominio de las ciudades donde nació un movimiento artístico e intelectual que tendría repercusiones importantísimas en el continente europeo: el Renacimiento, es decir, la recuperación de la cultura clásica grecolatina para alumbrar una nueva civilización en Europa, abierta a las innovaciones, a la investigación y al descubrimiento del mundo. El Humanismo renacentista, la preocupación por el ser humano y sus obras, desplazará a Dios de sus preferencias intelectuales y filosóficas para considerar al Hombre como centro del universo (antropocentrismo), desarrollando una profunda admiración por la Antigüedad griega y romana y manifestando un fuerte sentimiento de individualismo en la búsqueda de la verdad mediante la razón y el estudio personal. Este Humanismo será así el motor que promueva la revolución científica de los siglos XV y XVI (Copérnico, Galileo, Andrea Vesalio, Miguel Servet...), que dé un nuevo enfoque a la evolución de las artes (Brunelleschi, Botticelli, Miguel Ángel, Rafael, Leonardo da Vinci...) e incluso el que determine el impulso de los nuevos descubrimientos geográficos y el desarrollo de ciencias como la geografía, la botánica, la zoología y la cartografía. Todo este abrumador movimiento cultural, ideológico y artístico tiene su génesis en las ciudades-estado italianas, entidades políticas independientes con un sistema de gobierno peculiar.

Panorama de Florencia desde el Belvedere
A la cabeza de todas ellas se encuentra Florencia, donde las luchas por el poder entre las oligarquías locales dieron la victoria en el año 1434 a Cosme de Médicis (1389-1464), un rico banquero y comerciante que, respetando formalmente las instituciones comunales vigentes en la ciudad, instauró de hecho un señorío (Signoría) controlado completamente por él y asentado posteriormente por su nieto Lorenzo de Médicis (1469-1492), llamado “El Magnífico”. Éste tuvo que hacer frente a una conjura encabezada por la familia Pazzi (1478) en la que moriría su hermano Giuliano de Médicis pero a partir de la cual su gobierno quedó completamente consolidado. A partir de entonces el apellido Médicis se convertirá en sinónimo del príncipe renacentista cultivado (Lorenzo practicará la poesía y la música), diplomático, protector y discípulo de artistas y pensadores. Florencia alcanza su época de máximo esplendor, y durante todo el llamado Quattrocento se realizarán en la ciudad obras maestras como la cúpula de Santa María de las Flores (1421), la logia del Hospital de los Inocentes (ambas de Filippo Brunelleschi), las espléndidas Puertas del Paraíso del baptisterio de la catedral (obra de Lorenzo Ghiberti), y se dará un nuevo impulso al mecenazgo artístico protegiendo a artistas como Botticelli (autor del Nacimiento de Venus o La Primavera), Donatello, Miguel Ángel (que, ya en el siglo XVI, realizará la célebre capilla Médicis en San Lorenzo) o Leonardo da Vinci (que se formará en el taller de Andrea Verrocchio).

Autorretrato de Leonardo da Vinci (1452-1519)
Lorenzo de Médicis también traerá a Florencia al célebre predicador Girolamo Savonarola, quien en su afán de denunciar la depravación de las costumbres y de la moral llegará a instaurar un gobierno popular inspirado en la purificación de la sociedad y en la renovación de la iglesia. En 1498 los patricios florentinos, hartos de su fanatismo, consiguieron condenarlo por hereje y quemarlo en una hoguera en la Plaza de la Signoría. El gobierno de los Médicis se interrumpirá tras la muerte de Lorenzo y el breve mandato de su hijo Piero, quien en 1494 fue expulsado de Florencia debido a su débil conducta frente al ejército francés invasor del rey Carlos VIII. La familia volverá a regir los destinos de la República en 1512 (aunque después fueron nuevamente expulsados) y a partir de 1530, esta vez ya con el apoyo del emperador Carlos V. La importancia y prestigio de los Médicis hará que dos miembros de la familia sean elegidos sumos pontífices a comienzos del siglo XVI: León X (Giovanni de Médicis, 1513-1521) y el célebre Clemente VII (Giulio de Médicis, 1523-1534) durante cuyo pontificado tendría lugar el saco de Roma de 1527. Los Médicis gobernarán Florencia y toda la Toscana hasta 1737, cuando se extinguió la rama masculina de la familia. Médicis fueron también dos reinas de Francia: Catalina (1519-1589) y María (1573-1642).

Capilla y tumbas de los Médicis en la iglesia de San Lorenzo de Florencia. Obra de Miguel Ángel Buonarrotti
Cuna del humanismo y del arte renacentista, escenario de violentas luchas por el poder y de intrigas políticas, Florencia alcanza especialmente durante la segunda mitad del siglo XV su época de máximo esplendor. Así, junto a edificios como el Palazzo Vecchio, (construido en el siglo XIV) se alzarán el palacio Médici-Ricardi (Michelozzo, 1444), el Rucellai (1460) o el Strozzi (1489), iglesias como Santa María de las Flores (cuya cúpula data de 1421), la capilla Pazzi, el complejo de San Lorenzo (iglesia, capillas mediceas y Biblioteca Laurentina) o el Santo Spiritu (Brunelleschi, 1444). Junto a ellos, obras escultóricas como las ya mencionadas puertas del Paraíso del baptisterio (de Lorenzo Ghiberti) los sepulcros de los Médicis en su capilla de San Lorenzo y el célebre David (hoy conservado en la Galería de la Academia), ambos de Miguel Ángel, o pictóricas como La Primavera o El Nacimiento de Venus (ambos en la Galería de los Uffizzi), de Sandro Botticelli, son una ínfima muestra de lo que el Renacimiento hizo florecer en la capital florentina, que a partir de la siguiente centuria cederá el protagonismo artístico a la Roma de los papas, donde se va a desarrollar la siguiente fase del intensísimo movimiento cultural renacentista: el Cinqueccento.

"Ponte Vecchio" de Florencia sobre el río Arno