27/3/06

>>Redactor: Blas de Lezo.

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>>Se cree que fue Kalinikos, un alquimista originario de Halab (aleppo) quien escapando del avance del Islam llego a Constantinopla alrededor del 678 DC y ofreció sus conocimientos al emperador de Bizancio.
En aquellos años, el Jalifa Mu'awiya estaba concluyendo el quinto año de su asedio naval a Bizancio. Los musulmanes no podían penetrar los míticos muros defensivos de la ciudad ni rendirles por hambre ya que no dominaban el acceso marítimo norte (cerrado con enormes cadenas). Era un empate táctico, puesto que los defensores no podían reanudar el lucrativo comercio que hacia de Bizancio la ciudad del cuerno de oro.

Kalinikos rompió este empate con un artilugio parecido a un cañón del calibre 20mm con un émbolo móvil que arrojaba un fluido en ignición llamado "fuego marino" por los bizantinos, "an-nash rumi" por los árabes y que ha pasado a la historia como "fuego griego"
Las propiedades de este fuego eran parecidas a las del Napalm, puesto que al igual que el sodio palmitado, podía arder bajo el agua y extenderse sobre la cubierta de los barcos como la brea liquida.

En el combate naval donde se probó esta arma infernal los resultados psicológicos fueron incluso más permanentes que la aplastante victoria bizantina.
Cientos de musulmanes se lanzaban al agua cuando su nave era alcanzada por el fuego, y según contaban los cronistas, aquellos que ya estaban envueltos en llamas se perdían camino de las profundidades alumbrando el fondo en su camino, mientras los marinos bizantinos gritaban "hades est itur" (id así al infierno)
En los años siguientes, el diligente kalinikos llego a mejorar en distancia el arma y su diseño se hizo mas complejo, de forma que era montado en una nave especial, donde el compuesto era calentado y presurizado bajo la cubierta, desde donde se bombeaba por marinería especializada con prendas mojadas con tal de conseguir una vestimenta lo mas ignifuga posible.
En estas condiciones se produjo el siguiente ataque musulmán, en el 717 DC. Una escuadra de 45 naves cargadas de arqueros y tropas de asalto entraron en el bósforo con la idea de tomar Constantinopla por asalto aprovechando que el grueso de la flota estaba en Chipre rechazando una invasión árabe. Solo dos naves musulmanas retornaron.


A causa de la aureola mística de arma invencible que tomo el fuego griego, su conocimiento fue tratado como un secreto de estado:
Solo unas pocas personas conocían el arte de fabricar la mixtura volátil, otro reducido grupo conocía la fabricación del arma impulsora y otro grupo el diseño de las naves especiales que optimizaba su uso.
Ningún otro salvo el emperador mismo y un consejero conocían todo el proceso, y ninguno de ellos podía abandonar la capital.

Se podría esperar que Bizancio no sufriera ninguna derrota naval durante la edad media, pero no fue así, y los ejemplos son numerosos. Una flota enviada a recapturar Cartago en el 698 fue destrozada por ligeras galeras frente al cabo Bone. Sicilia 827 y Creta 826, vio la pérdida de unos 50 dromones bizantinos en el intento de evitar la invasión de las islas.
La batalla de Thasos en 829 finalizo con el abordaje o hundimiento de la totalidad de la flota bizantina enviada.
¿Que pasaba entonces con el fuego griego?
La respuesta para estas derrotas era que solamente se destinaban las naves del fuego griego a la defensa de Constantinopla, puesto que se consideraba que, de caer en manos enemigas su fabricación, los días del imperio estarían contados.
El imperio bizantino no eran sus islas, ni sus colinas, ni sus posesiones, el imperio bizantino era su capital, y mientras Constantinopla resistiese, los herederos del imperio romano seguirían en pie.