2/4/06

>>Redactor: Joaquim

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>>Fernando VII nació en el monasterio de El Escorial, en Madrid, en 1784. Era hijo del rey Carlos IV y de María Luisa de Palma. El joven tenía un gran odio a Manuel de Godoy, el controvertido valido de su padre, pues veía en su persona un competidor para llegar al poder. Así pues, Fernando fue uno de los promotores del Motín de Aranjuez, revuelta provocada en Madrid el 19 de marzo de 1808 por una importante facción de la nobleza, que además tuvo un notable apoyo del pueblo, debido a la poca popularidad del rey y del valido, tras las nefastas consecuencias que estaba teniendo la subordinación a Francia en las guerras de la Revolución Francesa.


El motín consiguió su objetivo, la abdicación de Carlos IV y el nombramiento de Fernando como rey de España. Fernando VII el Deseado consiguió hacerse con el poder en un momento crítico para España.

El rey fue llamado a Bayona por Napoleón junto a toda la familia real y Godoy. El monarca pensó que se trataba de una excelente oportunidad para legitimar su posición ante el hombre fuerte del continente, pero lejos de esa situación, Napoleón forzó al rey a abdicar, en lo que se conoce como las Abdicaciones de Bayona (6 de mayo de 1808) y consiguió que José Bonaparte recibiera la Corona española mientras que Fernando era recluido en Valençay. En el castillo de esta ciudad le llegó la noticia del inicio de la Guerra de la Independencia pero el monarca, en un ejercicio de hipocresía y de falta de visión política, no apoyó el movimiento.

1814, fin de las hostilidades con Francia tras el tratado de Valencia de 1813. España es un país victorioso pero destrozado. El rey, procedente de Francia, vuelve a nuestro país y es recibido con gran entusiasmo. Sin embargo, en la cabeza del rey rondaban proyectos muy diferentes a las reformas realizadas durante el periodo de las Cortes de Cádiz –encabezadas por la Constitución de 1812-. El rey, que evitó entrar en España por Barcelona, dirigiondese directamente a Madrid. Recibió el incondicional apoyo de los absolutistas (nobleza, terratenientes y clero) firmantes del Manifiesto de los Persas, el cual constituyó un golpe de estado mediante el que se volvía al absolutismo. El decreto de 4 de mayo de 1814 declaraba "nulos y de ningún valor ni efecto" la Constitución de Cádiz.

A partir de ese momento, se entró en un período de represión que puso en marcha el rey, que afectó tanto a los antiguos afrancesados como a los liberales por lo que el ambiente entre los militares liberales era cada vez más tendente al pronunciamiento, a la vez que muchos intelectuales abandonaban el país para no volver hasta la amnistía tras la muerte del rey.

A pesar de ser uno de los principales impulsores de la derrota de Napoleón, el papel español en el Congreso de Viena fue de muy poca importancia. España ya no era lo que fue antaño, y su peso internacional ya era bastante escaso. Respecto a la política interior, la situación económica se complicó con el problema de la Deuda Pública (problema que se convirtió en una tónica general de todo el siglo XIX), el problema de la marina, y los primeros movimientos independentistas en América, que suponían el fin de Imperio español.

El 1 de enero de 1820 el teniente coronel Rafael de Riego se pronunció al frente de las tropas destinadas a sofocar los movimientos independentistas en América. Fue el primero de uno de los fenómenos más clásicos del siglo XIX español, el golpismo militar. Derrotado, el 7 de marzo de 1820 Fernando VII juró la Constitución de 1812, lo que ponía en marcha el llamado "Trienio Liberal". Entró en vigor la Constitución de 1812, y el programa reformista anterior se radicalizó. Sin embargo, el rey, muy descontento con esa situación, tenía algunos planes entre manos. Intentó derrocar el gobierno sin éxito, pero la Santa Alianza, una alianza de potencias absolutistas para salvaguardar el antiguo régimen, intervino en España tras la petición del rey. Las potencias reunidas en Verona eligieron a la Francia de Luis XVIII con la responsable de la restauración absolutista en España y la financiación de un ejército denominado los "Cien Mil Hijos de San Luis" que, dirigidos por el duque de Angulema, irrumpieron en España en abril de 1823, siendo recibidas con entusiasmo por la población, y derrotando rápidamente la escasa resistencia liberal. En otoño de ese mismo año Fernando VII restablecía el absolutismo y el 1 de octubre promulgaba un decreto por el que se declaraban "nulos y sin ningún valor todos los actos del gobierno llamado constitucional".

En 1823 empezó la llamada "Década Ominosa" que acabaría en 1833 con la muerte del rey. En esta larga etapa se consolidó el absolutismo como fórmula de gobierno y la represión tomó protagonismo nuevamente. Sin embargo, en América, el ejército español fue derrotado por los patriotas sudamericanos, quienes culminaron su proceso secesionista en 1829. A la vez, la industria tuvo ligeros avances, debido al retorno de capitales de América, ya la dinamización de la industria catalana, incentivada por el rey. Esta actitud del rey fue la que provocó ciertas insurrecciones, las más importante de las cuales la guerra de los Malcontentos en 1827, que fue un pronunciamiento en defensa del derecho absoluto del rey y contra las concesiones a la burguesía.

Los últimos años de la vida de Fernando VII estuvieron marcados por la cuestión sucesoria. Se había casado en cuatro ocasiones pero sólo su última esposa le había dado descendencia. Fueron dos niñas, una de nombre Isabel, futura reina de España, y Luisa Fernanda, futura esposa del duque de Montpensier. Nuevamente, el rey, ya bastante enfermo, se encuentra con otro grave problema sucesorio, puesto que sus hijos resultaron ser mujeres. Los absolutistas más radicales, aglutinados alrededor del hermano del rey Carlos María Isidro, que veía con malos ojos las leves concesiones económicas y políticas que había hecho Fernando VII la burguesía industrial, presionaron para que fuera éste quien tomara el poder. Pero el rey no aceptó así que, mediante la Pragmática Sanción, la Ley Sálica (que impedía el trono a las mujeres) implantada con la llegada de los Borbones, fue abolida.
El rey murió el 29 de septiembre de 1833, lo que dio lugar al estallido la Primera Guerra carlista entre absolutistas, partidarios de Carlos María Isidro, y los liberales, aglutinados alrededor de la Regente María Cristina y la heredera Isabel II.