6/5/06
>>Redactor: Oscar
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Mayo 1643
>>Esta batalla tuvo lugar en plena guerra de los treinta años, originalmente un enfrentamiento entre protestantes y católicos que terminó en una lucha de poder por el predominio europeo entre Francia y sus aliados contra los Habsburgos, incluyendo a España, país donde regía dicha dinastía.
Con la entrada en la guerra de Francia, Suecia y Holanda en el bando protestante, la situación para España se hizo complicada debido a los numerosos frentes abiertos. A esto hay que unir las importantes revueltas de Cataluña y especialmente Portugal, alzamientos provocados por las fuertes presión tributaria que aplicaba la hacienda del imperio, necesarias para mantener un ejército cada vez más anticuado y mal preparado. El intento de invasión de España por parte de Francia a través de la frontera catalana, llevo a España a idear un plan que no era nuevo: Invasión de Francia a través de Flandes con el objetivo de reducir la presión sobre el norte de España.
El plan consistiría en el cerco de la fortaleza de Rocroi, situada al norte de Francia, como paso previo a un avance en la provincia de Champagne. Para la tarea se empleó un ejército de 17.000 hombres concentrados en Lille, al mando del capitán general de los Tercios, Francisco de Melo. El grueso del ejército español quedó dividido en cuatro columnas, tres de las cuales estarían al mando Melo, y la otra quedaría en reserva en la retaguardia, al mando del Barón Beck.
Los españoles procedieron al cerco de la fortaleza el 13 de Mayo de 1643, pero pronto se demostró el momentáneo fracaso de la operación debido a la entrada de 500 mosqueteros galos sin ser detectados.
Ante la importante amenaza española, un potente ejercito de hasta 23.000 hombres, con una gran caballería acudió en el auxilió de los cercados. Este contingente estaba al mando de un joven de 21 años, el general Luis II, príncipe Condé, Duque de Enghien.
Una de las principales equivocaciones del ejercito español en la campaña fue permitir el acceso del ejército francés a través de difíciles desfiladeros hasta la llanura del sur de Rocroi, suponiendo el posicionamiento francés en territorio favorable, puesto que sitiaba a los españoles teniendo en vanguardia al potente ejército francés que acudía en auxilio de la fortaleza y en la retaguardia a los cercados. El barón Beck, al mando de la reserva, ante esta situación, acudió en auxilió de las tres columnas españolas de Melo.
Luis II, hábil general, al averiguar las intenciones de la columna de reserva, vio su oportunidad y plantó batalla el 19 de Mayo. Melo desperdició otra gran ocasión al no llevar él la iniciativa del ataque dos días antes, ya que la caballería gala acudió el día 17 a socorrer a los asediados fracasando en el intento y dejando desprotegido uno de sus flancos del ejército francés durante varias horas.
Situación previa a la batalla (noche de 18/19 de mayo del 1643)
Ejercito español
Comandante: Francisco de Melo.
El ejercito español, estaba desplegado en un frente de 800 metros,
formado en dos filas.
En primera fila y en el centro se encontraban cinco Tercios españoles, al mando de: Velandia, Castellví, Garcies, Mercader y Villalba.
En primera fila y a la izquierda tres Tercios italianos y uno borgoñés
(total 9 tercios en primera fila)
En segunda fila y en el centro se encontraban cuatro Tercios Alemanes
En segunda fila y a la izquierda otros cinco tercios valones
(total 8 tercios en segunda fila)
En los flancos se encontraba la caballería: En el ala izquierda 8 regimientos, italianos, valones y españoles al mando de Alburrenquerque. En el ala derecha 7 regimientos, españoles, valones y croatas al mando de Issemburg
La artillería, con 24 piezas estaba situada en la parte central de vanguardia.
En total 17.000 infantes, unos 3000 mil jinetes, y 24 piezas de artillería.
En general, era un ejército exhausto, mal pagado, y peor preparado. Se alejaba del gran nivel cualitativo de los tercios españoles del siglo pasado. Como anécdota diré, que muchos infantes no podían con el pesado mosquetón, por lo que tenían que usar el viejo arcabuz, de menor peso, pero como es sabido, mucho menos potente, lento e impreciso. La mejor baza del ejército español era los Tercios españoles, que tenían una mayor calidad que el resto del ejército imperial.
Ejercito francés
Comandante: Louis II de Bourbon, Duque de Enghien
El ejército francés se extendía en más de 2000 metros de frente en tres filas.
En su primera y segunda línea estaba su infantería al mando de Espenau.
La caballería estaba en ambos flancos, en la derecha al mando de Gassion y Enghien, en la izquierda estaba comandado por La Ferté y L'Hopital.
En total contaban con 23.000 infantes, más unos 6000 caballeros (el doble que el ejercito español) y 14 piezas de artillería.
Sus tropas estaban mucho más frescas que las españolas. El ejercito francés había aplicado las novedades militares de Gustavo Adolfo II de Suecia, con nuevas formaciones, una caballería agresiva y de nuevo predominante en el campo de batalla que cargaba sable en mano al estilo de la polaca, mosqueteros intercalados con caballeros etc. En definitiva, un ejercito más preparados, cualificado y moderno que el español, además de más numeroso.
Primera parte de la batalla: Ataque de las caballerías
La noche del 19, Francisco de Melo, había situado en un pequeño bosquecillo, intermedio en el campo de batalla derecha (se puede ver en la parte centra derecha del mapa) un pequeño destacamento de 400 mosqueteros, que dispararían cuando la caballería cargando hacia las posiciones españolas, flanqueara dicho bosquecillo. Un desertor, alertó a los franceses, los cuales antes del inicio de la batalla (durante la madrugada del 19) acabaron, cuchillo en mano, con la avanzadilla de mosqueteros camuflados.
Al alba del 19 la caballería del ala derecha francesa de Enghien y Gassion se lanzara al ataque ante las noticias recientes de que el Barón Beck, al mando de la columna de reserva española se disponía a reforzar el contingente de vanguardia español al mando de Melo. En un primer momento y gracias a la desorganización de la caballería gala al flanquear el bosquecillo, Alburrenquerque consiguió hacer retroceder y desorganizar a la caballería gala, continuando su avance y atacando las posiciones de infantería Suiza francesas en su ala derecha. Posteriormente, Enghien, consigue reorganizar la caballería, y con la táctica innovadora de la infantería con sus mosquetes avanzaba intercalada junto a la caballería, Alburrenquerque, es detenido, y cediendo progresivamente terreno terminará huyendo con gravísimas pérdidas.
Mientras tanto en la parte izquierda del ala francesa y derecha española, el ataque del flanco opuesto Francés de Enghien, anima Issemburg a atacar con su caballería al flanco izquierdo francés. La caballería gala al mando de la Ferté, es prácticamente aniquilada, y huye en desbandada. Las tropas españolas en vez de continuar su avance, se paralizaron con el saqueo, pero gracias a que a diferencia del caso anterior, la caballería del flanco izquierdo galo no se reorganizó tan rápidamente por las altas pérdidas, pudiendo los españoles inflingir numerosas bajas a la infantería del lado izquierdo francés, capturando hasta 7 piezas de artillería que dándolas la vuelta dispararon al mismo tiempo que las piezas de artillería españolas causando importantes bajas a la infantería francesa de las primeras líneas.

La batalla estaba ahora igualada, era hora de mover piezas de nuevo.
Segunda Parte de la Batalla: Iniciativa francesa
Mientras Issemburg se batía con éxito en el ala izquierda francesa, el general Einghen prosiguió su avance en el ala derecha francesa atacando a los tercios españoles de su parte izquierda: Velandia y Villalba y a la infantería italiana. Estos consiguieron resistir la carga francesa aunque con importantes bajas puesto que la táctica innovadora de que los mosqueteros acompañasen a la caballería disparando mientras esta se replegaba, era desconocida para las tropas españolas. Aunque los tercios resistieron, dos maestres de campo murieron. La fuerte resistencia empezó a ceder y los tercios empezaron a retirarse en orden mientras Einghen atacaba a la segunda línea española con un movimiento envolvente.
Eighen con la su poderosa caballería llegó a la retaguardia española atacó a los tercios valones y alemanes, que pronto fueron desorganizados y comenzaron también a retirarse. Einghen con un agresivo uso de la caballería cruzó por completo la retaguardia española y se lanzó de nuevo contra las tropas de Issemburg que estaban atacando a las tropas francesas.
Hay que darse cuenta la valentía del general francés al rodear todo el campo de batalla: Primero acabo con la caballería de Alburquerque, vencida esta prosiguió contra los tercios apostados en el ala izquierda española y los italianos, vencidos estos no sin una resistencia enorme, atacó la retaguardia española e hizo retirar a los tercios de segunda línea valones y alemanes y cruzando toda la retaguardia y lanzándose desde el ala derecha española a contraatacar por la retaguardia a la que hasta ahora era la mejor baza española: la caballería de Issemburg.
El éxito inicial de Issemburg se convirtió rápidamente en una derrota total: prácticamente no sobrevivió ningún jinete. Atacados por la retaguardia por Einghen, y por vanguardia por las la caballería ya reorganizada de Le Ferté, las tropas de reserva de tercera línea, y las tropas reorganizadas de las primeras líneas por Sirot, la caballería española fue prácticamente aniquilada, no sin un último y valiente intento de contraataque del Regimiento de Savary. Los tercios viejos se quedaban sin caballería.

Tercera Parte de la Batalla: Retirada española
Perdida la principal baza española y sin caballería, Melo decidió la retirada. Los tercios italianos de ala izquierda empezaron a retirarse en orden, los velones y alemanes también se retiraron rápidamente, el problema llego con los de vanguardia y centro: los españoles, que ante la necesidad de esperar a que sus tercios de retaguardia y del lado izquierdo italianos se retiraran para poder hacerlo ellos. Estos recibieron un nuevo fuerte ataque francés quedando pronto rodeados por la infantería y caballería gala. Sometidos a continuo fuego de mosquetería, artillería y con numerosas cargas de caballería la resistencia española se hizo encarnizada y heroica. Eighen, ante el temor de que la reserva española al mando de Beck llegara con 4000 hombres de refresco, y ante la tenaz resistencia española ofreció un acuerdo de rendición para las tropas españolas. Estas aceptaron puesto que se les respetaba la vida así como poder marchar libres y con honor del campo de batalla.
El Barón Beck, llegó, pero tarde, y tan solo pudo reorganizar a las tropas que marchaban del campo de batalla en retirada honrosa.
La batalla duró unas 6 horas.
Las perdidas por el lado español fueron de unos 4000 contando muertos, heridos y desertores además de unos 3000 prisioneros. Y todas las piezas de artillería también quedaron abandonadas en el campo de batalla.
Los franceses perdieron unos 2500 hombres por unos 2000 heridos.
La victoria francesa supuso una gran victoria moral, así como el fin de la primacía de la infantería española durante más de un siglo.
Motivos de la derrota:
Los franceses eran mejores tanto cuantitativamente, como cualitativamente. Sus tropas estaban mejor preparadas, con una cadencia de fuego menor que la española, y con armas mejores y más precisas.
España se hallaba anclada en una táctica defensa estática, que tantos éxitos le había dado en el pasado, mientras que los franceses habían aplicado las reformas de Gustavo Adolfo II de Suecia: El fin de las picas, la caballería como principal elemento del campo de batalla, ataques conjuntos de caballería y mosquetería etc.
España pudo haber ganado esta batalla, y tuvo oportunidades para
ello: Cuando la caballería francesa estaba tratando de romper el
cerco y desprotegió los flancos del ejercito francés, cuando
todo el ejercito francés pasó por difíciles desfiladeros
hasta aproximarse a la ciudad, y en el campo de batalla con la victoria
inicial de Issemburg y la igualdad momentánea entre Eighen y Alburquerque,
Francisco de Melo debió mover la infantería española.
Esta batalla, donde en ella murieron personajes como el capitán Alatriste
(inspiración posterior de nuestro alabado Reverte), supuso el fin
simbólico para la impresionante fama de nuestros poderosos tercios.
A pesar de la grave derrota sufrida, es también justo decir, que el 26 de mayo de 1642 el mismo Melo, con prácticamente el mismo ejército que llevo a Rocroi, había destruido en Honnencourt al ejército francés del conde de Guiche, y el 23 de noviembre de 1643 en Tüttlinguen, un ejército imperial reforzado por la infantería y caballería que se salvo en Rocroi, aniquilo a otro francés del conde de Guebriant.